Verónica...

18 de diciembre de 2007

Abuela. Abué, como siempre te he dicho...

Eres una nostalgia de cuatro años que no cesará nunca.

Eres una melancolía que no es posible disminuir.





La presencia se desvanece en cenizas que posee una hija cuya conciencia le culpa de lo que nunca hizo mientras vivías. Esa hija toma en aquella urna que adorna su salón, el símbolo de su libertad ante los otros, pero no de su conciencia. Aquella familia ausente, ahora te tienen en su salón, adornándoles la mesa central, llorándote, diciéndote cosas que ya no puedes oír, hablando con una simple urna que no tiene nada más que un simple símbolo marchito.

Abué, viviste una dura vida en tu infancia. Perdiste a tu madre a los cuatro años, y trabajaste sometida a la tiranía de tu madrastra por muchos años más. Lo único que te liberaba de aquella tortura era aquel primo con el cual contrajiste tu primera y única nupcias, sellando aquella promesa con sueños de éxitos que el tiempo embebido en alcohol, corroyó hasta su total destrucción.

Abué, luego de aquellas épocas, la adultez de tus hijas te dio tiempos buenos. La paz, la tranquilidad, y la sabiduría de tu ser llenaron tu vida. La fe profunda te otorgó siempre la paz que cualquier ente pensante desearía, aquella fe infantil de la que siempre hablaste, de la que lamentablemente, nunca pude creer.

Abué, aún recuerdo las tardes en tu casa, tomando ese único mate que no he compartido con nadie más, hablando de lo leído, comentando lo visto en TV, tomándome la ‘lección’, planificando cosas...

Abué, no le perdono a este país el haberte quitado tantos años que aún podías disfrutar...

No le perdono a un país el abandono con la justificación de no querer gastar.

Abué, tu corazón falló porque se indignó de que este sistema, el viciado, asqueroso, corrupto, ambicioso y caduco sistema pensase más en lo económico que en una vida.

No se puede defender un sistema que apoya la deshumanización.

No le perdono a este inmundo mundo su cada vez mayor falta de compasión.

Y no le perdono a ese médico endemoniado sus palabras de sierpe y su despreocupación.

Abué, te extraño sin que eso tenga alguna vez solución.

En este imperdonable país nevó este año. Nunca habías visto la nieve. Seguro te habría encantado. Si la fe que has tenido te ha sido compensada, si en algún lugar del ‘cielo’ puedes acceder a un ciber-nube-café, te muestro lo bello de aquel hecho.



Abué... Te extraño, y sólo tengo mi memoria que se deshace con el tiempo...

Escapes Do Brasil...

5 de diciembre de 2007

2 Oscuridades  

Y sí. No me he encontrado mejor juego de escape que este. “O Quarto” (La Habitación) comienza inocente, hasta que uno comienza a percatarse de las aberraciones que se encuentran ocultas en el simple cuarto. Una vez que uno resuelve tal juego, termina con un gusto de querer más, pues ciertamente se abrió un par de interrogantes al respecto.

He ahí que viene la segunda parte: “O Cofre”, que resulta ser extremadamente bonito, y que no sólo es un simple juego de escape. Hay una trama y un misterio a descubrir – si así lo quieres – a medida que vas resolviendo la estrategia para salir. Es un juego que puede ser tomado como una simple ‘estrategia de escape’ o bien te puedes meter en la ‘trama’. Recomiendo lo segundo.

Las formas de escapar o de sortear obstáculos son bien lógicas (o sea, que es completamente factible resolverlo sin ningún inconveniente, no como otros juegos de escape que son fumadas que ni Mahoma sabe como solucionarlas). Este juego es lógica pura, real, y consistente. Y lo más bonito de esta segunda parte es que no tiene un solo final. Tiene CUATRO.

El primero que terminé fue justamente el que responde a mi personalidad (el número 2, quienes lo jueguen, lo verán) y luego busqué el 1 y el 3... Y pronto iré por el 4.

Qué más decir.

Simplemente que quien lea esto, que lo juegue. Ambos juegos se encuentran en dos idiomas: Portugués e Inglés. Si sabes portugués, te lo recomiendo en ese idioma. De todas formas, sin saber dicha lengua, es completamente posible resolverlos.

Espero que esta pequeña reseña te ayude considerarlo, y jugarlo, pues merece la pena.

Buena suerte, y ojalá sí lo termines:

~*~ “O Quarto” ~*~

~*~ “O Cofre” ~*~


P.D.

Lo lamento Geli, mi curiosidad fue más fuerte. Por eso mi primer final fue el 2. je je je.

P.D.2 ... Luego de una hora de haber posteado esto: Ya tengo el final 4. Es RE-Fumado...

神社 - Jinja - Templo Shintoísta

0 Oscuridades  

Esto es un juego de escape, y por ende, de ingenio. Es la tercera parte de una saga muy interesante llamada ‘Escape from the Island’ que continúa en ‘ Escape from de Octlien’ – o un nombre similar- y al escapar de este ultimo – en un trasbordador o algo similar, también – caes en Japón- o algo similar, también también- y desde allí descubres un par de cosas sorprendentes que se terminan de entender en "Dr. Dokkoy", donde al escapar de Octlien, un robot se presenta en la tierra, y tu tienes que destruirlo, usando demasiado ingenio y casi bizarría, diría yo. Ya no es tan lógico.

La cosa es que tienes que salir de Japón – o eso se supone – y usas todos los elementos que se encuentran por ahí. Hay que combinar elementos entre sí, leer las cosas con atención, usar llaves... etc. Es poner a prueba tu ingenio.

Lo malo de este juego es que tiene una clave al final... y realmente no tengo ni la más ligera sospecha de qué diantre sea....

Desde ya, a todo aquel o aquella que lo resuelva, le pido encarecidamente que me dé el consejito en los comentarios – y por cierto... no comente ‘está en los símbolos’, porque hace horas que pierdo mi vida intentando entender esos garabatos, que de japonés tienen lo que yo de Zulú...

En fin. Sin más comentarios, les dejo el juego.

Quien esté interesado en la saga completa, puede tener los links debajo del jueguito.


Mis Juegos



Otros Juegos:

Escape from Island: (Sal de la isla)
Escape from Octlien: (Sal de ese lugar)

Salve al mundo : (Dr. Dokkoy) *Gracias Noir*

No saber sabiendo lo que no debería saber...

24 de noviembre de 2007

Como se puede advertir, no sirvo para escribir aquí, de mí, como si fuera un diario, o algo por el estilo. El blog es ciertamente un elemento de desahogo, pero encubierto. Cada entrada está relacionada con mi universo interno, oscuro, molesto. Pero no puedo externalizar tan abiertamente las cosas. Simplemente no soy así. Explico mi vida y mis sensaciones a través de otras cosas, de claves, de palabras sugeridas, de frases que parecen dichas al azar. Ergo, es lógico que nadie me entienda. Es lógico que la gente no sospeche lo que sucede conmigo y mi mente maldita, pero también es cierto que no puedo culpar a nadie de ello, pues nadie puede ser un dios para meterse en mi mente, y desglosar lo que demonios me pasa...

Es lógico que la gente piense que todo está bien conmigo, es lógico que la gente no crea el vacío que existe en mis días, es lógico que se sorprendan cuando amenaza salir un leve rasgo de la oscuridad interna que muchas veces me atosiga.

Y continuando con esa personalidad que nunca se despegará de mi, que nunca mejoraré, que sólo podrán advertir aquellos que realmente vean los detalles de mis actos, los que puedan ver el gesto importante del simple movimiento, la palabra escondida del discurso alegre, la tristeza escondida en la sonrisa diaria, continuando con esta empecinada actitud y terquedad innata, continuaré haciendo entradas ambivalentes, que parecen no decir mucho, y sin embargo, dicen.

Para finalizar copiaré unas pocas poesías que tengo. Si hay genero literario que más me molesta, es la poesía, por eso estas que aquí se presentan son las que a mis ojos, resultan ser más esenciales en concepto que en poesía.

La estructura se derrumba por sobre el contenido oculto – y no tan oculto-....

Lo fatal - Ruben Darío

A rené perez

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
Y más la piedra dura, por que ésa ya no siente,
Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
Ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
Y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
Y sufrir por la vida y por la sombra y por

Lo que no conocemos y apenas sospechamos,
Y la carne que tienta con sus frescos racimos,
Y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
Y no saber a dónde vamos,
!Ni de dónde venimos
!....

Y para Geli, para que no se sienta mal por poner cosas ‘cursis’en su blog (Mariposas metamorfoseadas), te acompaño en el sentimiento de decir ‘¡qué entrada cursi!’ y pongo esta bonita poesía en tu honor, así no te sientes tan cursi! (risita)

Gigante de ojos azules - Nazim Híkmet

Un gigante de ojos azules
Amaba a una mujer pequeña
Que su sueño era una casita
Pequeña, como para ella,
Que tuviera al frente un jardín,
con temblorosas madreselvas.

El gigante amaba en gigante.
Su mano, a grandes obras hechas,
Mal podía construir los muros
Ni usar el timbre de la puerta
De una casita con jardín
de temblorosas madreselvas.

El gigante de ojos azules
Amaba a esa mujer pequeña
Muy pronto se cansó, mimosa,
De tan desmesurada empresa
Que no concluía en un jardín
con temblorosas madreselvas.

Adiós, ojos azules, dijo.
Y, con graciosa voltereta,
Del brazo de un enano rico
Penetró en la casa pequeña,
Que tenía al frente un jardín
con temblorosas madreselvas.

El gigante comprende ahora
Que amores de tanta grandeza
No caben ni siquiera muertos
En esas casas de muñecas
Que al frente tienen un jardín
con temblorosas madreselvas.

Resultados Antes de La Verdad...

28 de octubre de 2007

0 Oscuridades  

Sí, por primera vez en la historia argentina, asumirá una presidenta electa, sin que muera por el camino o sea la viuda del presidente de turno. Finalmente una presidenta... Lamentable es que sea ESA mujer.

Probablemente continuará con el mismo modelo de su esposo, ese modelo disfrazado de progresista, lleno de mentiras, manipulador de la información y las estadísticas, que hace mucho por los derechos humanos teniendo un país con la mitad de su pueblo bajo la línea de pobreza, un modelo que apoya la educación, pero a pesar del superávit de la argentina, nunca hay presupuesto para las universidades. Un modelo que genera inflación y carencia de alimentos en pos de exportadores y empresarios, que deja la ecología en segundo plano si es que hay intereses económicos de por medio, que aprueba leyes de gran banalidad pero no es capaz de sancionar una prohibición a la tala indiscriminada de lo que queda de bosques argentinos. Un modelo que no regula a los buitres multinacionales, que no se preocupa de sus aborígenes, que deja que la patagonia argentina sea comprada por los extranjeros, que deja explotar minas propias a terceros para llevan todo el material a sus países de origen y encima subsidia tales producciones terriblemente contaminantes. Un modelo que tiene todo de disfraz, y sólo alimenta la misma carroña de siempre... pero ahora será un país más progresista, porque lo liderará una mujer...

Ojalá me equivoque.

Pero no se puede pretender nada de alguien que se presenta en tres listas diferentes, con una variación de gobernador o de intendente, no se puede esperar nada demasiado bueno de alguien que compró el voto de los necesitados regalándoles un paquete de arroz, no se puede esperar mucho de quien usa la ignorancia de las masas para legalizar su poder y llamarlo ‘autoridad legítima’....

Y así, la democracia en ignorancia, no es más que la tiranía de la estupidez, el imperialismo de las necesidades e intereses, el sistema donde la masa bruta gobierna... o mejor dicho, el sistema donde la masa bruta es ‘dominada’.

Ojalá me equivoque.

Ojalá.

Cuando se siente la soledad y el desengaño...

20 de octubre de 2007

Hoy fui a mi entrenamiento semanal. Como de costumbre, llegué temprano y me quedé en la puerta del club, esperando a que el dueño llegase y lo abriese.

Llevé un par de libros de estudio, para aprovechar ese tiempo, sin reloj que me avisara cambios de minutos.

El sol lentamente se ponía en el oeste, y ya mis ojos cansados, decidieron dar fin a la lectura. Aún nadie aparecía.

Las primeras estrellas se asomaban, cuando las luces de la calle se encendieron tenuemente. Y yo aún estaba contra la puerta del club, esperando.

Durante la tarde me había llamado un compañero que hacía tiempo no lo veía, y me había dicho que nos encontraríamos en el club.

Simplemente se habría olvidado...

Ya observando el fin de la tarde sin que apareciera ningún conocido, me acostumbré a la idea de un día de entrenamiento de forma solitaria, pero el dueño del club no venía.

Simplemente se habría olvidado...

Y pensando dentro del silencio que aquella calle abandonada otorgaba, contemplaba de vez en cuando fragmentos de vida de los transeúntes. Todos miraban con, quizás, un poco de desconfianza hacia mí. Y yo hacia ellos.

Las luces de la casa de enfrente se encendieron, y contemplé una niña que sentada en la mesa del salón, jugaba con su abuelo.

Y me sentí triste. Recordé a mi querida abuela...

Una abuela que la muerte hizo que se olvidara de su nieta, aún contra su voluntad...

La muerte es el olvido de los vivos...

Y pensando entre los vivos, contemplé a familias que pasaban caminando, hablando distendidos bajo las luces de la calle. También caminaban parejas jóvenes, y amigos que platicaban sobre alguna novedad de sus vidas.

Y de repente, sentí que algo se sentó a mi lado.

Y allí estaba ella.

Siempre vestida de invisible para acentuar su esencia, siempre callada, para enloquecernos con nuestro propio bullicio interior: la soledad.

La contemplé por un segundo, y fijé de inmediato mi vista al suelo.

La sentí por todo mi cuerpo.

Sentí la carencia.

Me percaté de la familia disfuncional, de la promesa en lejanas tierras, de la fragilidad humana, del incontenible sentimiento del ser, de la injusticia de las cosas, de la simple resignación al presente.

Suspiré, sin desagotar nada de aquello.

Miré el cielo, ya oscuro, y contemplé las estrellas titilantes...

La soledad siempre está a nuestro lado, sólo que a veces no nos percatamos hasta que ella se nos hace ineludiblemente presente.

Suciedad Interna

6 de octubre de 2007

0 Oscuridades  

El pasado regresa a atacarnos siempre cuando uno está desprevenido. No viene por simple capricho, sino que es llamado por nuestras más profundas falencias en pos de complicar nuestro presente.

Las situaciones que antaño se vivieron, perturban el presente que se asimila a aquellas experiencias. La asociación consciente o inconsciente es la gran corruptora de nuestro presente.

Los sucesos similares, poco a poco comienzan a tener la forma de aquellos acontecidos ha años, y sin percatarnos de ello, ya concluimos con terror las consecuencias de un presente que ante nuestros ojos devendrá en aquel pasado.

El pasado regresa al presente, proyectándose a futuro, con la oscuridad intensificada, con sus garras más afiladas, con su poder engrandecido por la distancia del tiempo. Y quien no advierte que se está repitiendo el pasado, actúa como antaño, provocando que el terror cunda por debajo de la piel, entre las venas, tan callada y envenenadamente...

Creer tras ser traicionado, sólo deja heridas que los nuevos personajes deben aprender a tratar. El traicionado ya no volverá a creer como en tiempos pasados, ya no volverá a tener esa misma inocencia. Podrá simular conservarla, podrá, incluso, intentar reconstruirla como pueda, pero en el fondo, la bipolaridad del pasado y el presente, fusionados con la esperanza y el dolor, perturban la mente donde se disputan el creer y el no creer.

La inocencia que aún puede habitar en algún rincón del ser, seguirá empecinada con su infantil actitud en dar su confianza abiertamente, pero la otra parte, la veterana, la que exhibe con tristeza cicatrices profundas, se perturbará, no se permitirá creer nunca más, no dará la posibilidad de que una herida nueva marque su superficie.

Y así, en esa profunda dicotomía, el humano traicionado intenta recuperar lo imposible, intenta luchar contra lo inevitable...

Esa batalla ya está perdida en la soledad. La oscuridad carcomerá cualquier pequeño resto de inocencia, y ensombrecerá la mirada del traicionado.

La traición, el más terrible de los males, no se acaba con el fin del traidor o con el alejamiento del mismo... es una marca profunda, con la que se debe vivir, pues efectivamente carece de solución...

¿El Traicionado puede volver a creer?

¿Su mente estará en paz en tanto y en cuanto se mantenga bajo el silencio?

¿La ausencia del presente da cabida a ese pasado corruptor?

La mente es el eterno campo de batalla, el eterno caos, la eterna creación y destrucción...

La mente: la que puede traicionar y traicionarnos...

El Tren de la vida...

1 de octubre de 2007

El tren es un centro de historias. Es un lugar donde miles de personajes dejan plasmada parte de su leyenda. Un momento, un recuerdo, o un garabato. Todo queda registrado en las paredes de lata de ese viejo vagón, que contemplan día tras día, el rutinario existir sin sentido de los humanos.

Diariamente ven a la mujer que vende sahumerios en el tren, que hacía años pedía ayuda por ser portadora. Diariamente ven a los niños que tomando diarios gratuitos de la tarde, venden en la noche sobre los vagones. Diariamente, los celulares de los pasajeros suenan, anunciando muertes esperadas, desengaños o nacimientos sorpresivos. Se ve la gran variedad de parejas, que van desde las más comunes hasta las más escondidas, ya que por su sexualidad, deben soslayar sus gestos, resbalar sus caricias por debajo del campo visual de la masa, y soportar el deseo de un beso fogoso.

Se ven a los vendedores de cosas baratas, que cansados y gastados, aún les queda una sonrisa o el ánimo para hacer una broma al final del día. La joven chica vendedora del café, a la cual le compra más de un mujeriego baboso. Está el hombre de la bebida, que lleva colgando la pequeña heladera de hielo en su espalda desviada, o el hombre de los ‘sanguches’ o del hot dog, que camina con pesar. También está el anciano, que luego de su enfermedad vascular, deambula por el tren, pidiendo sostén. Análogamente, los pocos ex soldados de Malvinas que aún viven y transitan por el tren, continúan pidiendo patriotismo a las almas baratas que se inflaman en los mundiales, pero que no son capaces de hacer un país mejor, respetando y haciendo respetar.

Los estudiantes también rellenan los huecos, intentando cultivarse en el más pequeño espacio disponible dentro del tren donde pueden desplegar una carpeta. Y también están los trasgresores carroñeros, que fuman prohibiciones, sin el menor respeto al resto de los pasajeros.

Están los de guardias de seguridad del tren, que nunca ven a la mujer que está sentada al lado de un delincuente que le habla, amenazándola bajo su campera con un arma.

Están los misteriosos, que vestidos en oscuros, contemplan las cosas con desconfianza, y a su vez, el resto le desconfía.

También los trabajadores y obreros se quejan del día, y se divierten al ver el trasero de una mujer, denigrándola con las peores frases que sus mentes pueden crear. Están las viejas molestas, que todo les irrita, y los imbéciles pajeros que tocan a las damas, o apoyan su cuerpo en el de ellas cuando el vagón atesta de gente aprovechando tal excusa para quedar totalmente impunes en su perversión.

Muy rara vez está el hombre que toca el trasero de otro hombre.

También se puede ver a los músicos desempleados, que conforman una larga lista, y deambulan diariamente sobre los vagones, en busca de su vida: el joven guitarrista, que con su dote para el canto del norte, se resigna a pedir limosna tras su creación. El hombre del Perú, que trae la música de los incas con su charango y su quena a los vagones de la indiferencia. También está el muchacho del violín, que tocando tristemente el instrumento, llora con el pasar de las estaciones, mientras la luna se asoma tímidamente por el horizonte. El oriundo de Paraguay, que trae consigo un acordeón con el cual intenta animar la existencia rutinaria de todos los allí presentes. Y está también el anciano que sólo canta tangos, con su voz cortada y lastimada.

También pasan los superfluos, que en grupo, hablando con indignación sobre el último modelo de teléfono celular, chocan con la niña que logró recolectar las monedas del día.

Suben las mujeres que buscan la prioridad, alzando en sus brazos a sus hijos ya bien grandes, sólo por obtener un asiento para sí, exigiéndolo con algarabía. Y no faltan los estúpidos que dan su asiento a una señorita vistosa para ver con mejor perspectiva el escote de la chica, y se hacen los dormidos cuando una anciana sube al vagón.

Y nunca se ausentan los religiosos, que entregando estampillas o panfletos con la santa palabra, condenan a los pasajeros al infierno si no aceptan ese papel, y se transforman en la religión.

Y así, diariamente, los días se van sucediendo, entrando y saliendo nuevos personajes que los vagones gastados y oxidados contemplan con indiferencia.

Todos los entes del tren, tristes actores nocturnos, deambulan en busca de un libreto en el que deseen participar, pero que nunca logran hallar, pues en todos ellos, la resignación les ha ganado la batalla. Y es que de pronto, lo impensable, se torna normal, y cuando eso sucede, lo caótico comienza a formar parte de la generalidad, de lo que todo el mundo hace, aunque todos sepan que es incorrecto, que no ‘debería’ ser así... pero sin embargo es....

Y todos los días, la misma resignación... todos los días, el mismo papel, el mismo libreto, el mismo actor...

Resignación a la vida...

Existencia violentada...

Insatisfacción eterna...

Sentido

Caminando sin sentido, en una ruta marcada en el césped gastado. Caminando con pasos lentos y usados, uno tras otro, en busca de alguna senda que pueda permitir la satisfacción. Sin embargo, allí, donde el césped ha dejado de crecer, sólo se plasman una sobre otra, las huellas de miles de anónimos seres que pasaron, y cuyos huesos, se descomponen más adelante en el camino.

Caminar por lo caminado, tiene tan poco sentido, como el mismo sentido de caminar en sí mismo. Nada tiene una gran utilidad, cuando los esqueletos son lo único que resta, al final de la senda.

Cabizbajos, dando pasos eternos, se puede continuar por aquel gastado camino, pero también se puede caminar sobre el césped nuevo, nunca antes pisado, y desviarse de la senda cuya conclusión es ya sabida.

Mejor caminar por el césped y ver que con el tiempo, se transforma en arena, y ese frescor que daba el verde, poco a poco, comienza a tornarse en un amarillento abrasador bajo el sol duro del desierto.

Caminar sin sentido, pero al menos, caminar por donde no se ha caminado.

Y ya llegando al límite de las fuerzas, se puede caer de rodillas, sobre la ardiente arena, se puede tener la satisfacción de ser el único que ha caminado por tan difícil senda. Se puede desplomarse sobre el suelo, y sólo cuando las pupilas ya se dilatan en un último suspiro, y su satisfacción personal alcanza su apogeo, se puede descubrir, que a pocos pasos, yace un par de huesos...

Todo sin sentido.

Cosas al pasar...

0 Oscuridades  

En silencio, un niño de 12 años pasa por el vagón, dejando a cada persona un pequeño papel pidiendo una pequeña ayuda que consiste en la donación de unas pocas monedas. El chico saluda a los pasajeros dando un apretón suave de mano, que la mayoría rechaza.

Cuando llega al reportero, le extiende la mano, y el hombre, le da ese suave gesto, sin entregarle monedas que solo sostendrán por mas tiempo su miseria. Se miran a los ojos, sintiendo la calidez y la frialdad de las manos.

Sólo un segundo se contemplan. Sólo un segundo dura aquel secreto planteamiento del porqué de la existencia de cada uno de ellos. Sólo un segundo, en donde interactuaron, y ya cuando el niño pasa al siguiente vagón, todo ha sido olvidado.

Y el niño, ya ha pasado al olvido.

El último tren está por salir.

La Sonrisa de Naoki

28 de septiembre de 2007

0 Oscuridades  

Naoki era un chico muy callado. Todos los días iba al colegio, mirando hacia el suelo, caminando derecho, sumido en sus profundos pensamientos.

La gente que le conocía, siempre le saludaba, y Naoki, tan respetuoso como siempre, sonreía con aquel regalo dado por la naturaleza. Una bella sonrisa que opacaba cualquier señal de tristeza en su personalidad.

Era un regalo y un estigma.

Todos los días, regresaba a su habitación, y se encerraba en ella. Los familiares llegaban a su casa, reían entre comidas y tazas de té, y cuando querían ver a la rareza familiar, lo llamaban cual mascota, y Naoki, siempre educado, sonreía a los chistes más insulsos de sus parientes. Su regalo y su condena.

Lentamente, la soledad, la diferencia, la esencia que le hacía sentir su no-pertenencia a su natal comunidad, comenzaron a envenenar su sangre.

Ya no era inocente, ya no creía en promesas divinas, sólo le quedaba la carne de su propia existencia, que con ojos críticos, contemplaba su miseria y la ajena. Sólo veía humanos corruptos, fallidos, enclenques, incompletos, todos buscando cosas que ignoraban, todos royendo las carroñas derrumbadas.

Naoki había crecido.

Aquel día, camino hacia su casa, se mantuvo ausente de todo su universo real, mientras cavilaba silencioso.

Ingresó a su casa, dejó sus zapatos en la entrada, y su madre, con aire suspicaz, abandonó el hogar alegando que esa noche no regresaría.

Naoki sólo sonrió, y nadie notó su tristeza, ni siquiera, su propia madre, quien no se cansaba de repetir que siendo ella la que le había dado a luz, le era imposible no vislumbrar las penumbras de su propio hijo.

De Propio, no tenía nada Naoki, más que los genes y sangre.

Y aún a pesar de todo, la madre le retribuyó con otra sonrisa, y abandonó la casa.

Naoki no había dejado de sonreír.

Cansado, caminó hasta su cuarto, y contempló su sonrisa en el espejo, aún forzada, aún presente, en su rostro.

¿Cómo la gente no podía percibir algo que él consideraba tan evidente?. ¿Cómo una sonrisa podía evadir tanto? ¿O en realidad, los otros eran quienes no querían ver?

Sonrió por ultima vez frente a su espejo, y lo rompió.

- Maldito estigma – susurró, cuando al tomar un pedazo de espejo, cortó sus labios en un súbito movimiento.

La sangre manchó sus medias, y sonrió finalmente.

Silencio

27 de septiembre de 2007

0 Oscuridades  

Sólo Silencio.
En una gran habitación, y sólo se escucha silencio.
La brisa fresca de la primavera se escurre por debajo de la puerta, y aún así, no hay sonido alguno.
La pantalla titila con monotonía.
Sólo Silencio.
Mirando a través de la ventana, se puede ver algo aforme, que parece ser positivo... pero en realidad, sólo es silencio.
Y todos hacemos ruido, para no escuchar ese vacío que hay en el fondo de todas las cosas.
Sólo humanos, inmersos en el vacío y silencioso universo de nuestras mentes.
Nadie piensa en ello...
Sólo tenemos Silencio...

Cansancio interior

12 de septiembre de 2007

0 Oscuridades  

Sentado en la punta de la torre, miraba la gris ciudad que se extendía hasta el horizonte. Sus ojos opacos, parecían contemplar, pero sólo estaban fijos en un lugar distante, sin enfoque alguno. La brisa fresca y contaminada de la ciudad, rasgaba su tersa piel lentamente, ondulando y ensuciando sus cabellos, que de vez en cuando, desprendían hebras de aquel enmarañado pelo.

Extendió su muñeca, miró la hora, y suspiró. Décadas de soledad formaban parte de las duras estructuras de esa torre.

Sonrió con tristeza.

Hacía décadas le había dicho que necesitaba su presencia.

Hacía décadas que se la había postergado.

Parpadeó varias veces, y se sentó al borde de la torre, sintiendo el silencio que se extendía en aquellas alturas.

Recordó palabras dichas, pero tan pronto como asestaron su mente, aquella brisa sucia las espantó.

Hacía décadas que se había recluido en aquel lugar en busca de la cesación de aquel sentimiento de sobra, pero entendía que mismo en aquella soledad, para la propia soledad, era una sobra. Un ser que sólo usurpaba un espacio que perfectamente podía ser ocupado por otro ser de mejor calidad.

Y es que tanto había esperado, tanto había dejado espacio a la necesidad, que ya no era más que una cáscara hueca de cosas que pudo haber dado, y nunca encontró a quién.

Sonrió a la brisa, y comprendió lo que décadas de soledad habían degenerado en su interior.

Décadas de esperas, décadas de aislamiento, décadas de necesidad por un suave cariño...

Y comprendiendo su suerte, resbaló de su lugar, y cayó.

En la gran ciudad, una lágrima se estrelló contra el pavimento ennegrecido, pero nadie lo notó.

Todo el mundo continuó caminando.

Ojos de Cristal

28 de agosto de 2007

0 Oscuridades  

La gran ciudad. El monstruo de existencia propia que aparentemente inerte, consume con lentitud la vida que se escapa veloz de cada uno de los seres que la atraviesan. Grandes cantidades de gentes anónimas cruzan calles con velocidad, a la vez que sus pasos son apurados por otras personas que continúan esa carrera, y por aquellos autos que buscan desesperados transitar esos pasos peatonales. Más de uno pasaría por encima a toda esa manada de gente si tan solo no existiera castigo tras su acción. Y es que la nobleza, muchas veces es una forma refinada de miedo, es una forma hipócrita de una negociación intrahumana llamada ‘convivencia’.

El sonido atesta el ambiente: insultos de taxistas, gente apurada, bicicletas violadas, perros callejeros pateados, caninos aplastados por la impaciencia de los conductores.

Y de esa forma transcurre el tiempo en el gran monstruo consumista. Entes, ya no mas ‘gentes’, entran y salen de edificios, y realizan sus movimientos rutinarios una y otra vez.

Siempre la misma mañana, siempre la misma llave que cierra la misma puerta. Siempre la misma casa que va quedando atrás a medida que el mismo auto describe la trayectoria circular del tiempo, llegando a su mismo destino una y otra vez, viendo las mismas caras, rumiando los mismos odios, simulando las mismas simpatías, hasta que la misma noche cae, y deshaciendo aquel camino, regresa a esa misma casa que había dejado atrás, y se oculta en esa misma cama, para dormir en una noche más.

Y la vida es así para cada uno de los seres que conforman ese monstruo. El simple perro negro, de profundas cicatrices, que se resguarda de las patadas propias de la manada de humanos, permanece inmutable durante el día.

Desde su pequeño refugio, puede ver el constante fluir de piernas que van y vienen a un ritmo acelerado, hasta que la noche cae.

Cuando la luna bañe la ciudad, un nuevo monstruo seductor despierta.

El perro sale de su refugio en busca de su alimento nocturno. Caminando por calles desérticas, en busca de una basura provechosa, se encuentra con niñas disfrazadas de adultas o mujeres nacidas en cuerpos erróneos cuya naturaleza – castigada por el monstruo diurno- les impide formar parte de aquella rutina a la luz del sol.

Sin importarle la presencia de un adinerado hombre que manosea a una pasiva niña, el canino roe los pedazos dignos de una bolsa encontrada, y con la panza engañada, pues llena probablemente nunca la experimente, camina sobre sus pasos.

Pero la vida dentro de ese monstruo, no es fácil, ni siquiera para los perros.

Cuando llega a su antiguo refugio, sólo encuentra un perro más joven, más fornido, que le ataca, y tras una pelea que lacera aún más su roído pelaje, renquea hasta la autopista. Bajo ella, todo ser errante puede encontrar un refugio.

El canino, lentamente recorre el estrecho lugar que se eleva del suelo en macizas estructuras de concreto, para ubicar el mejor rincón disponible.

Sólo halla de entre la oscuridad, en un pequeño hueco, una extraña forma humanoide.

Camina con lentitud, acercándose, quejándose por la herida, apoyando con dolor su sangrante pata, hacia esa figura que la luz de luna abrillanta en parte.

El perro contempla esa silueta: es una mujer sentada en una roca. Mira el suelo, con el rostro entristecido. Sus ojos, antiguas esmeraldas, se encontraban cenicientos, tal como su cabello azabache que ahora decoloraba en castaño. Su piel suave y blanca, lentamente se escamaba con el pasar de los años. Y bajado en la contemplación de aquella figura, el perro observa que las piernas de esa mujer eran de hielo, sobre el cual, la luna se refleja con frialdad.

El canino, adolorido, se acerca a esa imagen, y se sienta a los pies inmóviles de aquel ente, para lamer sus heridas. A pesar de ese movimiento, la mujer no se inmuta, ni siquiera, modifica su mirar.

En el silencio de la noche, el lamer suave del perro se interrumpe por una carcajada que aparentemente se acerca. Dejando su quehacer, el canino levanta sus orejas, y contempla a un hombre, que rodeado de dos mujeres, camina por el descampado de la autopista, en dirección de un aposento provisorio. Ese hombre, sólo contempla por un instante aquel rincón bajo la autopista. Sólo un instante, sin dar importancia al asunto, sin una pizca de interés, conmoción o sentimiento. Y desaparece tras sus carcajadas, rodeado de sus dos mujeres.

Las orejas del canino se bajan, al percibir que cualquier indicio de peligro ha pasado, pero un sonido crujiente le asusta. Se levanta con rapidez de su lugar, a los pies de esa figura, y mira el origen de aquel perturbador crujir.

La antigua mano de esa mujer, apoyado en el congelado regazo, se había transformado en hielo. Un hielo que lentamente se elevaría por el brazo.

Tras oler aquella mano congelada, se sienta de nuevo a sus pies. Sin percatarse, el mismo perro había elegido una compañía tan helada como su propia soledad.

Las horas pasan, y la luna, mas centrada en el cielo, muestra su sardónica sonrisa a ese monstruo seductor que siempre contempla con las estrellas.

Nuevas carcajadas se acercan de repente, retumbando en el silencio sepulcral de la noche, interrumpido de vez en cuando por algún auto en aquella autopista. Es un nuevo hombre, que camina ebrio por doquier, mirando sin percibir, pasando sin tener existencia.

Y un segundo crujido transformó el brazo de la mujer en hielo.

El perro sólo atinó a quejarse.

Un día más. El sol delimitando los mismos círculos, en ese monstruo diurno. Sin embargo, algo pareció cambiar.

El perro negro de pelaje roído, aquel de profundas cicatrices sobre su lomo, corría esquivando el flujo de piernas de la manada humana, zigzagueaba los autos arriesgando su pellejo, se desentendía de cualquier disputa canina por un nuevo refugio. Sólo mordía con sus cansados dientes, a ciertos individuos, rasgándole los pantalones. La mayoría, irritado, pateaban al animal, y proseguían en su rutinaria condena, sin prestar el mínimo de atención.

Cansado de ese esfuerzo que agotaba su ya raquítico cuerpo, el perro mordió el pantalón de una joven, que marchaba con un pequeño libro en su mano. Ella miró al canino, y sin entender su comprensión súbita del universo, caminó lentamente en la dirección que el perro le indicaba con paso rengo.

El animal guió a la joven hasta la autopista, hasta aquel rincón, hasta aquel hueco.

La joven, horrorizada, contempló la estatua de hielo: una mujer sentada, que estaba por completo congelada.

Dio un paso hacia la figura, y tocó con sus dedos el regazo helado. Los ojos de esa estatua se movieron de súbito, y asustaron a la joven, que dio un respingo hacia atrás.

El silencio se petrificó en ese instante. Los ojos cenicientos de aquella casi estatua, se fijaron en los de la joven, que rebozaban de gran vitalidad.

El canino, sólo se ubicó a los pies de aquella imagen inmutable.

- Es la mendiga - una voz detrás de la joven la asustó por segunda vez. Giró su rostro a una anciana que husmeaba por doquier, en busca de su vida propia olvidada en algún año de su existencia.

- ¿Qué le paso? ¿Acaso es algún tipo de embrujo?

- Eso no existe, niña. – respondió con convicción.

Tras esas palabras, un crujido llamó la atención de las hablantes, que contemplaron con un giro limpio de sus cabezas, la imagen de hielo a su frente.

Los ojos, fijos en la muchacha, se habían transformado en hielo.

Finalmente, toda aquella mujer se había metamorfoseado en una transparente y fría figura.

- ¡Que burda imitación de cristal!. Es una pena. El verano pronto llegará. – comentó la anciana, y se fue.

La joven sintió un suave dolor ante ese comentario.

Contempló la estatua en silencio, hasta que un crujido doloroso irrumpió el ambiente reflexivo, provocando la caída de su libro sobre el barro.

Desesperada, la joven contempló su propia mano, cuyo pulgar se había convertido en hielo.

Miró al canino, y éste, simplemente aulló.

Perdón por la mala redacción. Lo hice con mucho cansancio.

Instalar Ubuntu o como consumirse por la ira

4 de agosto de 2007

1 Oscuridades  

Estoy completa y absolutamente irritada. Extremadamente irritada. Descomunalmente Irritada.

Desde las 18 hs hasta la presente hora en la que me dispongo a publicar esta frustración, he luchado contra mi máquina, contra los drivers, contra los modos gráficos, contra los ‘boots’ y los ‘kernel’, contra ‘ubuntu’, contra toda cosa que me impidiera instalar el susodicho sistema...

Conclusión:


Ha sido un absoluto fracaso. Casi seis horas de mi vida desperdiciadas – bueno, ni tanto, al menos dibujé eso de arriba y desarrollé una nueva técnica electro-marcial U_U-

En fin... veré cómo esta noche elimino mi frustración

(...cargando Emurayden con FF 7)

El dolor de la mente – El dolor del espíritu

28 de julio de 2007

Humanos.

Entes angelicales devenidos a demonios.

Entes demoníacos devenidos a ángeles.

Humanos: entes quiméricos.

Tan irreales como los unicornios, tan concretos como la muerte.

Complejamente sencillos. Sencillamente complejos.

Llenos de contrariedades que pueden rayar la mentira, el doble discurso, la falsa moral, la simple estupidez.

¿Cuál es la razón de la existencia?, ¿Cuál es la razón del dolor?, ¿Cuál es el sentido del simple transitar?

Si todo camina hacia un final triste, lento y oscuro...




Sin castigos, sin recompensas, sin nada más que la mera nada tras de todo. No hay indemnización para los azotados por la vida, no hay castigo para los azotadores de alma. Simple nada. Una nada que borra absolutamente todo.

Sin conciencia, sin existencia...

Tan profunda es la pena... que llena de apatía el alma.

¿y si todo sale mal? ¿y si todo sale bien? el dolor a posteriori será recompensa, pero también, puede ser condena...

Y en medio de una noche fría, se puede mirar el cielo cuyos destellos se apagan tan lentamente...

Mirar al cielo, y sólo desear...

Pero no hay quien escuche... sólo la Nada...

La Nada: El Todo del humano...

Tal vez, lo mejor para el humano, hubiera sido nunca haber dejado de ser Nada...

Homenaje humilde, oscuro y pequeño...

20 de julio de 2007

0 Oscuridades  

Un simple homenaje a Fontanarrosa, que se ha ido en cuerpo...

Que continúe arrancando sonrisas a todos los que le lean, porque ese, siempre será su deseo más profundo, y con el que se llenará siempre...

Fontanarrosa...





Tanabata:Tristes historias en la Vía Láctea

7 de julio de 2007

Hoy es Tanabata.

El séptimo día del séptimo mes, para la fiesta japonesa, se crea sobre la vía láctea un puente que conecta las dos orillas.

La historia cuenta que un pastor y una tejedora se enamoraron. Algunas versiones hasta aseguran que se han casado. El asunto es que ambos comenzaron a descuidar sus responsabilidades, y por eso, el padre de la joven Tanabata, separó a los enamorados por el Ama no gawa (Vía Láctea).

Sin embargo, el día siete del mes julio, un puente (o un barquero, también dependiendo de la versión donde es leída) une las dos riberas, permitiéndoles a los enamorados compartir ese día único anual.

La espera de un año para sólo un día.

De entre los miles de deseos que se piden en esta fecha, que anotados en cartones de colores se cuelgan sobre bambúes, se cumplan aquellos de mayor urgencia, de mayor esencia, de mayor tristeza por la similitud con la historia de Tanabata...

La joven Tanabata, creo yo, se apiadará de aquellos deseos de personas desencontradas por mares, tierras, ecuadores, paralelos, cordilleras, etc.

¿Tanabata podrá hacer sentir que 8.800 kilómetros son sólo un puente de pocos pasos, que arrebata de sus oscuras y solitarias cuevas, a seres cuyo designio sobre las tierras ha sido un azar?

Tanabata, sólo concede un deseo...

Tanabata, es sólo una ilusión para niños...

Cuánta tristeza se concentra en Tanabata; bocas que no hablan, suspiros que no se escuchan, miradas que no se ven...

Tanabata...

No pertenecer...

1 de junio de 2007

1 Oscuridades  


Se miró en el espejo.

Ser de rostro sin forma. Ser que nombre alguno no adecua su esencia.

Tal vez, sólo el vacío impera en sus formas.

Quizás, sólo el deseo eterno aturde su espíritu.

Miró al espejo, y se contempló.

Una pupila que, negra, se ensanchaba con timidez, a la vez, que sentía una suave adrenalina derramarse por su sangre.

La oscuridad lentamente se mostraba ante ese espejo, que en un pequeño círculo se dilataba con quedo ritmo.

Cerró sus ojos, y los volvió a abrir, para observar sus formas una vez más.

No eran las suyas.

Si embargo, había vivido por varios años con ese cabello, con esa piel, con ese rostro.

Un rostro que nada le mostraba, que nada tenía de sí, o de, al menos, lo que consideraba su ser en sí mismo.

Su imagen no le correspondía.

Pensó que tal vez, el resto del mundo tendría tal sensación.

Luego, pensó lo contrario.

Suspiró.

Bajó la vista, con vergüenza de verse a sí mismo, con tal sensación de enajenación.

Caminó algunos pasos por la habitación, y contempló por la ventana, apoyándose levemente contra el borde de la misma.

Miró la calle de su barrio, pensó en ese barrio, que pertenecía a su distrito. Imaginó su distrito, el cual, conformaba ese país...

Y nada, absolutamente nada, tenía de sí.

Ni calles, ni barrios, ni distritos, ni países...

¿Dónde los vagabundos descansan?

¿En qué forma o lugar, el refugio y la calma le esperan?

Sentimiento de No-Pertenencia...

¿En qué lugar, un ser errante puede encontrar su esencia?

Sólo en la mente demente...

Conociendo las profundidades de la superficie.

23 de mayo de 2007


En fin. Cambiando finalmente la temática de este blog, para que no crean l@s desprevenid@s que esto es tan oscuro, comentaré con brevedad, algunas maravillas de la industria yankilera, que nos tragamos diariamente, guste o no nos guste.

Esta entrada del blog, se la dedico a mi querido Alfredo, para que vea, que en realidad, no siempre escribiré sucumbiendo a los instantes de trance, y que aquello que parece muy serio, en realidad, es absurdo, pero que al estar escrito con palabras difíciles se nota menos.

Hoy, definitivamente, me desahogaré de tooooda la basura que se suele ver por ahí.

Bien. ¿ Adónde apunto con esta presentación?. Nada más ni nada menos que al mercado cinepatológico que sufre el mundo como si de una pandemia se tratase.

Oh, sí. Desde pequeña deseaba ver cosas de acción, artes marciales, personas de fuerte carácter luchando por un ideal, siendo nobles cual Helio, y superando las circunstancias adversas sin cortar la cabeza de un ajeno o sin aproximar el seno de un ángulo por el ángulo mismo.

En fin. En mi estúpida ingenuidad, siempre caía en las mismas películas: Mel Gibson, Jean Claude Van Dame, Steven Segal, Jet Li, etc... – y otros más que apenas reconozco de rostro, y que por suerte, mi mente ha olvidado sus nombres –

Definitivamente, hoy en día, al ver un pedazo de esas películas que los canales de aire se empeñan en repetir mes tras mes – sí, ya no esperan siquiera un año – y no obstante, siguen promocionándolas como ‘estrenos’, me hacen tener súbitos momentos de memoria de aquella simple y reiterativa trama.

Oh, si. ¡Cuánta genialidad en aquellas tramas!.

Todo comienza cuando el héroe del momento, pierde a su hermano, le matan la mujer, castraron a su gato, o busca venganza por la muerte de un amigo. Aquí las variaciones de argumento, ‘siempre’ resultan descabelladas. El buen hombre, luego de análisis internos, de reflexiones profundas, de una lucha encarnada entre su lado vengativo y su naturaleza piadosa, decide ingresar a una mafia, entrenarse para un torneo sangriento, o bien, se peina con un buen gel, ya que, en las próximas horas, las luchas le despeinarán, y eso NUNCA sucede – vean a Steven Segal si no lo creen - .

Luego de alcanzar el nivel de super sayayin 6 x 1023 (ya sea entrenando, comienzo pizza, o peinándose), emprende su camino/destino. Siempre, en algún momento de esa larga caminata en búsqueda de su enemigo, el protagonista se encuentra con una dama. SIEMPRE. La dama nunca es fea, es menor de 30 años, y le encanta ser una especie de guerrera en bikini, porque es así: no hay ropa más cómoda que una bikini para pelear, para rescatar un novio secuestrado por los Yakuzas o hackear un banco internacional – aunque hay que reconocer que esto último es bien accesible en bikini –

Luego de que el protagonista de la película y la dama se encuentran, se retan a un duelo sexista, donde siempre termina el hombre acorralándola contra la pared, ambos personajes, se dirigen hacia el enemigo – que para ese entonces, ya sabemos que la dama quiere freír al mismo enemigo que el protagonista, o si no lo quería hacer, ya poco le importa hacerlo o no, pues el encanto del protagonista puede más que cualquier ideal, convicción o algo que se le parezca –

Continuando con esa caminata, donde matan gente a troche y mote – sin olvidar el sentido de humor tan realista de los protagonistas con el que siempre suelen decorar las peleas más sangrientas – se encuentran con el imbécil de la película. Sí, un tremendo estúpido, que siempre, resulta ser tan o más inteligente que el mismo protagonista. Y es que es así, la estupidez es la que alarga la vida. El protagonista puede intentar descifrar un enigma en el centro mismo del laberíntico pasaje que le llevará a su enemigo, pero no lo conseguirá, hasta que el imbécil del grupo, luego de romper una palanca, tirar café sobre el teclado, o cortar un cable por simple decisión del ‘de tin marin de don pingüé’, resuelva con la mayor elementalidad y suerte, el problema en cuestión.

Luego proseguimos con un viaje más o menos estándar. El imbécil intenta una burda conquista de la dama, que obvio, rechazará con repugnancia, porque el protagonista, es el protagonista, él no se despeina cuando pelea, el imbécil, sí.

Podemos encontrar persecuciones eternas, que no tienen más sentido que una sucesión de paisajes, personas corriendo, y algún perro pateado, que nunca nadie ve. La carrera puede continuar en autos, que desafiando cualquier principio del sentido común – ya no pidamos de la física, mecánica u otras – salen volando, caen, giran cuatro veces sobre sí mismos, aceleran en autopistas en donde todos los autos están equiespaciados, atraviesan casas, andan en dos ruedas por callejones de casi la mitad del ancho del auto... en fin... que luego de toda esa persecución, al finalizar, los tres ‘aventureros’ bajan del mega-coche para contemplar el caos generalizado, y soltar con el mejor de los humores chistes del tipo ‘oh! Deberíamos hacerlo más seguido’ o frente a un muerto ‘vete al infierno, nadie se mete con mi abuela’ o cosas de ese estilo, podemos observar maravillados, que los aventureros, regresan a ese auto verdaderamente destrozado, y con un simple giro de la llave, se puede escuchar el sonido ronco de un Mercedes en esa carcacha arrugada. Oh, maravillas estos autos. El auto fantástico debería demandarlos...

En fin.. pero lo más asombroso, a veces, no son esos autos, sino el gran ataque maniático de las explosiones/fuego que padecen la mayoría de estos directores.

Hay una regla que nunca tiene excepción: SIEMPRE hay explosiones.

Es increíble ver cómo un gramo de pólvora, puede destrozar un edificio completo. Y lo más maravilloso, es que hasta tiene una expansión extremadamente lenta. La explosión es tal, que, el protagonista, que suele siempre estar al lado de la bomba en cuestión, comienza a correr 100 metros, cuando sólo quedan 3 segundos. En el mejor de los casos, sólo intenta salvarse él. En el peor, está la dama anteriormente mencionada, que siempre, SIEMPRE, es una estúpida para correr. Y es que la belleza atrofia las pantorrillas, o algo así. Porque el protagonista, no sólo debe correr para salvarse de ser pollo rostizado por causa de la explosión, sino que, en tal caso, debe tomar a la señorita de la mano, hacerla correr, esperar que se tropiece, que grite con lagrimas en los ojos un ‘olvídate de mi, sálvate tu’, y que el protagonista, tan abnegado como siempre, retrocede sobre sus pasos, levanta a la infeliz del suelo, intentan retomar la carrera, pero... oh! Vemos que el tobillo de la inútil está roto, así que el protagonista, debe llevarla en sus brazos – recordar que a todo esto, la explosión sigue en su leeeento proceso de expansión –

En fin... luego de tan heroica acción, vemos que el protagonista como la señorita, saltan a algún lado que los protege de absolutamente todo. – y es allí cuado la explosión toma su velocidad normal de expansión, y sí, el protagonista es también amaestrador de explosiones.... no hay otra explicación - Y a lo mejor, RECIÉN a estas alturas, podemos contemplar que el protagonista se ha despeinado un poco, tiene una herida característica en su mejilla o en su hombro derecho – lo que hará más difícil la pelea con su enemigo a posteriori - y la dama, pues... si ya antes andaba en bikini, ahora esa bikini está harapienta, y con un gesto virginal, intenta taparse con pudor... si es que lo encuentra (no pregunten qué, lo primero que encuentre, sea el pudor o el gesto virginal).

Una variante de esa escena, es que el imbécil muera por salvar al protagonista y/o a la dama. Entonces los dos sobrevivientes se abrazarían, la dama lloraría –porque es el toque emocional de la película, hay que comprender – y el protagonista, con el rostro lleno de ira por la muerte del imbécil, dice al viento alguna maldición a su enemigo. Oh, si. La naturalidad de estos momentos eriza la piel. Son los momentos en donde se espera que la gente llore en el cine. O algo así. Creo.

La cuestión, y ya para no alargar tanto esto, es que los dos personajes se encuentran finalmente con el enemigo.

Por alguna razón o por otra, siempre atrapan a la dama – y es que son una lata estas damas. Pelear con bikini siempre trae complicaciones, eso no parece entenderlo los cineastas – con la cual amenazan al protagonista de violarla, quemarla, matarla, o correrle el maquillaje.

Furioso, indignado, dando discursos de moralidad mientras una música de fanfarrias suena como fondo en la película, descubrimos la esencia pura y brillante del protagonista, más de lo que ya lo veníamos viendo, mientras dice algo del patriotismo y el respeto a las mujeres, y nos maravillamos ante la presencia – infaltable en toda peli yanki - de una bandera rojita con rayitas y estrellas blancas y algo azul por algún lado, flameando o bien vemos un cóndor, águila, avechucho.... naaa, un buitre. Creo que siempre es eso...

En fin. Presenciamos la pelea terrible, donde nuestro protagonista, debe pelear en su deplorable condición – con el rasguño en la cara, o con el hombro lastimado, o en el peor de los casos, despeinado –

Entre una pelea que va desde navajas, golpes con sillas, tomas de algún desAsTRE marcial, o simple arrojamiento de desodorante para baño en los ojos del enemigo, siempre, pero SIEMPRE, vemos que cuando el enemigo pide misericordia en el momento tenso, nuestro protagonista, como es una persona sensible que se conmueve, tanto como se conmovió con todos los tipos que mató en el proceso de llegar a ese lugar, le perdona la vida con un gesto de superioridad, y se dirige hacia la dama, la cual, seguro, está encadenada, atada o algo por el estilo.

Pero claro, los malos son taaaan malos, taaaan terribles, que a traición intenta ganar, y es allí donde finalmente contemplamos la función de la dama. Y es que las damas en estas películas, son alarmas. Alarmas en bikinis que se van desintegrando a medida que pasa la acción.

Es allí donde la mujer, desesperada grita al protagonista que mire hacia su espalda, pero como este hombre es bien duro de matar, saca una tarjeta de crédito, y con ella, usándola cual shuriken – ninja – se la ensarta en la yugular del otro infeliz, que al igual que la explosión, siempre presentan una reacción leeenta... – cuando al mujer grito y el protagonista se dio vuelta, el enemigo aun esta sacando una navaja del bolsillo trasero del pantalón -

Nunca falta la película en donde, tras dicha escena, nuestro amado héroe ponga como frutilla a la ardida jornada, un comentario del estilo ‘ oh! Creo que mañana no compraré el suéter que quería, al menos, no por VISA’

Y luego de la extraordinaria pelea, el hombre recuerda que la alarma – ejem, dama – está aún encadenada. Va, la rescata, y como ella ya venía encantada con el carisma del tipo, vemos la escena final con un beso de lo más patético, y en derredor, lo más probable, la policía llegando, gente que mira la escena apabullada, sin reparar en dos tortolos, que de por cierto, tienen una muuuy sospechosa actitud.

A estas alturas, está de más preguntarle al protagonista el porqué de haber llegado a ese punto, pues el hombre, ya no recuerda qué era lo que quería vengar, si era a su amigo, a su esposa, a su perro. Lo único que sabe es que esa dama es la dama de su vida, y ya nada más tiene sentido.

En fin... ¿moralejas que ha dejado?.. naaa, se concluyen directamente...

Mejor iré a mi cálida madriguera – leer como ‘cama’ -... el mundo real me apabulla...

Historias excepcionalmente probables...

16 de mayo de 2007

La existencia humana presenta tantas curiosidades. Resulta que no tiene ecuación, que no es exacta, que no tiene más que probabilidades.

El universo parece concebido bajo la probabilidad. Los astros, aparentemente – si alguien lo cree – dicen de nuestro porvenir con un cierto grado de probabilidad.

El humano actúa bajo la probabilidad...

Una niña de la calle, probablemente no conozca del cariño. Un maduro vagabundo, probablemente, desconfíe de su sombra, y no entienda en la palabra confianza, mas que un engaño perpetuado por algún ajeno, que en su momento, aprovechó de su ingenua juventud. Una prostituta, difícilmente crea en los hombres, y en su sensibilidad, a la cual sólo ve como un simple instinto animal.

Sin embargo, todos los casos de probabilidad, parecen que decantan en excepciones.

Las historias, las creencias, las ideas más firmes, terminan temblando ante excepciones, cuando la probabilidad más baja se hace evidente.

Y es allí cuando una prostituta, acepta la mano de un hombre que se ha posado en su mejilla, sin más deseo que darle un gesto de apoyo.

Es allí, cuando un vagabundo se encuentra con una joven, que le devuelve las monedas que se habían caído de su harapiento sobretodo.

Es allí, donde una niña, puede entender la calidez, cuando un perro callejero refriegue su frío hocico en el pantalón de la pequeña, sellando un silencioso pacto.

Las excepciones, pueden realmente hacer revoluciones, cuando lo inesperado, se hace presente. Pueden reafirmar convicciones, pueden mover todo el mundo interno que hemos construido, y que habíamos considerado perfecto.... o mejor dicho, aquel mundo al que nos habíamos resignado como propio.

El verdadero potencial de la excepción, radica en el esfuerzo que se genera, para hacerla posible, para romper cadenas sociales, para hacer una revolución, que se externalice finalmente.

Si dos excepciones se encuentran, justo en la más baja probabilidad... entonces, pueden crear más excepciones. ¿Qué hay de malo en todo aquello?. Nada. Simplemente hay que tener el valor, la paciencia, y el tiempo para crear las excepciones, para liberar temores productos de nuestro universo barroco, comprender la maravilla de que ha acontecido lo más improbable, y por ende, actuar en consecuencia, meditando con tiempo y ojos críticos.

¿Quién diría que universos solitarios, con necesidad de ser compartidos, se encontrarían, habiendo tanta población en el mundo? ¿ Quién diría que dos personas separadas por trópicos verían a tanta distancia, las formas internas del otro, habiendo en cada país, tanta fauna a contemplar?

La probabilidad más baja se ha dado.

Aquella que es verdaderamente difícil de encontrar, se ha producido.

¿ Acaso de debe desperdiciar tan única excepcionalidad universal?

No. Para evitarlo, existen las excepciones....

Las maravillas no se producen dos veces...

Maravillas imperfectas, que resultan perfectas. Eso, es verdaderamente una manifestación de aquel valor menos probable.

2 de mayo de 2007

0 Oscuridades  

No hay resentimiento, no hay dolor, no hay más que resignación, que de vez en cuando, se retuerce, mostrando aún la raíz infecta de una herida mal sanada. Nada pasa, nada que alguien pueda paliar.

Sólo que a veces, el mal clima – húmedo Buenos Aires – provoca la molestia de aquellas malas cicatrices que se creían olvidadas.

La actitud del náufrago.

Caminar en círculos bordeando la isla, esperando que la marea traiga alguna cura que sirva. Mientras tanto, el caminar ayuda a cicatrizar.

Cuanto más se camina, más se piensa, y el pensar, libera.

Libera y condena, irónicamente.

No hay peor enemigo que uno mismo, por ello hay que saberse dar batalla. Es estúpido sentir el ataque de un ajeno, que no sabe las oscuridades que nos rodean. Nadie puede temer a un ajeno, si en verdad ha visto sus propias profundidades. El abismo interno, la fosa profunda que somos en esencia, es un maravilloso, tortuoso, fascinante y escabroso universo.

Nuestro universo.

El que hemos creado con nuestras propias manos mentales.

El que podemos destruir con tan sólo superar el instinto de supervivencia.

Un universo que con pocos se puede compartir...

Un cosmos concentrado en nuestra esencia, con tanto para descubrir y analizar, con tanto para potenciar, con tanto para superar...

Es en el único universo donde, eternos, somos inmortales en nuestro propio presente, en nuestro mar de Ideas...

Rodeados de estampas barrocas, contemplamos nuestras pequeñas zonas iluminadas con fascinación, y aún conservando el temor o el respeto, anhelamos todo aquello que aún invisible por la oscuridad, nos es vedado...

Y como niños, jugamos con Ideas que fugazmente, pasan a nuestro lado, corriendo en dirección a esos lugares que no podemos divisar. Ideas que sabemos lo que son, pero que nos generan respeto.

Ideas traviesas, Ideas macabras, Ideas que pueden abofetearnos un día al descubrirlas como poco alocadas. Ideas, que antes, sólo nos hubieran disgustado.

Y es allí, donde un nuevo sector comienza a tener una tenue luz.

No resulta iluminado por completo, pero ya en la penumbra, se puede perfilar la desnuda Idea, mostrándonos sus líneas contorneadas con una simulada timidez. ¡Qué interesante Idea!.

Y allí, comenzamos a verla sin ese respeto que antes nos inhibía. Ahora, la Idea, es algo que hay que violar. Hay que arrinconarla en la zona oscura, y besarla contra su voluntad.

Sólo cuando nos hayamos percatado por completo de lo que se trataba aquella Idea, sólo allí, la Idea será por completo nuestra, descartada o aceptada, pero finalmente iluminada.

Nee... Los exámenes están cerca, y mis Ideas oscuras, reemplazadas por las de mis estudios, se ponen celosas, y me atacan por las noches, obligándome a escribir estas cosas aún contra mi voluntad...

Me sujetan sin darme escapatoria, y ahora son ellas las que besan violentamente... Casi advierto sus movimientos como un gesto disimulado de venganza...

Sin Emabrgo, por suerte, mis Ideas Violan de una forma exquisita ...

- Sí, ya... mejor me voy a dormir.... -


Palabras complejas si las hay ....

0 Oscuridades  

¿Qué ocurre?, ¿Qué pasa?, ¿Te sientes bien?

¿El mundo siempre ve un sólo rostro en ti?

¿Cómo has pasado el día? ¿Has enfermado o te has sentido feliz?

Sí. Ser feliz. Palabras complejas si las hay. Mejor olvida la pregunta.

¿Cómo te ha ido en el trabajo? ¿Has logrado la venta de aquel pequeño pantalón, que ya de moda se ha pasado, como así también de moda pasó el sentimiento compartido?

Te encuentro justo haciendo las compras para tu hogar. ¡Bello hogar de vacío has creado!. Veo que en la bolsa que llevas, tienes una pequeña botella de Champagne. Probablemente festejarás sintiendo la punzada de la traición.

¡Me alegro tanto por ti!. Al fin encuentras una persona, que sólo te quiere para calentar sus sábanas, en el mejor de los casos, o te permite sentirte prostituta, pero no te entrega billetes, sino unas palabras frías a tu oído, creando junto a ti, la entelequia de una vida que sabes, ya no será la planeada.

¡Oh! Disculpa la franca ironía. Olvida estas palabras, como has olvidado otras, que de mayor importancia, no parecieron afectarte tanto. ¿O quizás ya ni siquiera las recuerdas?. Pobrecita. Tu mente es ‘tan’ selectiva.

Sonríe que aún tienes tanto.

Increíblemente, encontraste la libertad negada desde la infancia. ¿Verdad?. ¿O será una treta más de aquella quimera que has creado con aquél a quien le llevas esa champaña?

No bajes la cabeza, no huyas más de la estupidez. El dolor que se causa, se infecta. La traición duele en el profundo hueco que a cada segundo late en el cuerpo.

No tartamudees explicaciones sin sentido, excusas baratas. Mira el lado bueno de las cosas. Tú nunca caminaste con la sensación de topar en una calle barrial a aquella persona, nunca sentiste su presencia cerca a pesar de saber lo estúpido de la situación, nunca estuviste horas creyendo que el día de tu cumpleaños, aparecería ese ente en tu puerta, nunca siquiera intentaste imaginar unos brazos invisibles que se ciñeran a tu cintura con fuerza. Con aquella fuerza delicada y aromatizada que sólo ‘esos’ brazos dejaban...

Sonríe. Ahora eres feliz. Sí, Palabras complejas si las hay.

Cada noche te rodean brazos mejores que aquellos que antaño te estrecharon. Brazos fornidos, de ancho importante, que te sujetan con cierto grado de posesión. No esas pequeñas extremidades de suave piel, que intentaban en su torpeza, darte una libertad que desconocías.

No. ¿Quién querría brazos así?. Tú precisas de esa seguridad, que sólo el que compartirá hoy contigo ese Champagne puede darte.

Levanta el rostro. Esta noche tendrás un cuerpo sobre el tuyo, que reclamará lo que es de su propiedad, sin importarle mucho lo que desees. ¡Eso es seguridad!. No ese cuerpo pequeño que con torpeza, pedía permiso al acceso de tus rincones, que temeroso por tu incomodidad, preguntaba en susurros tu sensación de libertad. ¡Eso no es seguridad!. Palabras complejas si las hay.

Mil veces mejor el hombre que luego de saciarse, se duerme a un costado de la cama, sumiéndose despreocupado en el sueño, marcándote con el gesto, el agradecimiento por haber tenido ese pequeño detalle de haber comprado una botella de Champagne. Eso es amor. No ese empecinamiento que aquella persona tenía, quien te mantenía despierta por horas, acariciando lánguidamente tu cintura, tu espalda, y degustando tu aroma, escurría sus dedos hacia la nuca, para jugar con tu cabello, mientras susurraba con estúpida tranquilidad, todo aquello que sentía, sintiéndose vulnerable. Todo eso que en verdad, a ti, no te servía para nada. Sólo era un ruido molesto, ¿verdad?.

No hay nada mejor que un hombre embistiéndote, cegado por el placer, moviéndose sobre tu cuerpo con celeridad. Eso con nada lo puedes reemplazar. Y menos, con ‘aquella’ persona.

Debes estar orgullosa. Lograste superar en tan poco tiempo el recuerdo de ese ser al que le mentías envuelta en tu confusión.

No. Tranquila. No vuelvas a tartamudear. Te entiendo perfectamente. Deja las excusas baratas. Todo aquello que le has dicho a ese estúpido ser, había sido producto de tu confusión, o era simple mentira para disparar el experimento deseado. Eres muy buena estratega.

¡Lo bueno, es que ahora, ya estás tan libre!.

Lograste de aquel ente, el reafirmarte a ti misma como lo que eres. Una bella mujer que compra una botella de Champagne, para conmemorar el día en que decidió ser feliz. ¡oh!, Sí. Palabras complejas si las hay.

Pero al menos, con seguridad, puedes afirmar, que te encuentras completa.

Por cierto, ¿y tus hijos?. ¿Cómo?. ¿No los han tenido aún?. ¿Por qué?

¡Ah!. ¿No puedes tener hijos con quien no amas?.

¿Qué dices? ¿Lo dice la joven que ha comprado esa botella de champaña? ¿Lo dice quien goza cada noche su ‘seguridad’? ¿Lo dice la misma chica que vende ese pantalón pequeño pasado de moda, exhibiendo esa sonrisa tan vacía?

No. No llores. Sonríe tan vacío como siempre...

Tienes a un hombre...

Eres feliz. Palabras complejas si las hay.

Reciclaje de personas...

1 de mayo de 2007

0 Oscuridades  

Probablemente sea la sensación de muchos. El mundo es muy grande, avanza a agigantados pasos, y el tiempo, siempre escasea, provocando que nadie observe.

Quizás, aún en el silencio, el latido secreto de un sentimiento se hace sonoro como un murmullo. Pero nadie lo escucha.

Tampoco es cuestión de gritar todo. Ya el mundo grita suficiente. Ya el mundo es lo bastantemente holgazán, como para que encima, se pretenda poner en bandeja sentimientos delicados, con el fin de que sean exhibidos como un canapé. Que los miren, que vean aproximadamente qué es lo que llevan, y luego los rechacen, alegando que el caviar sabe mejor.

No es tampoco así como funcionan las cosas.

El humano moderno, pretende mucho con poco esfuerzo. Y dentro de esa filosofía, caen los ‘otros’. Los otros personajes de esa comedia sarcástica que es nuestra vida.

Simplemente no ven al que precisa. Simplemente no ven al que anhela. Simplemente no se puede.

La ‘Metamorfosis’ una vez mas...

“Las cosas son así, aguántatelas, y vive... o simula hacerlo.”

¿Qué ojos se posarán sobre el alma lastimada? ¿Qué ser comprenderá el solitario universo que se crea a su alrededor?

Quien logra hallarlo, luego abusa.

Y luego el que siempre veía, deja de ver. El que podía llenar el vacío, se ausenta. Simplemente el cansancio de ser descartable, obliga a los seres a ser parte de esa masa inerte que se mueve con el tiempo, que no mira ni escucha murmullos.

Indignación.

Se es preciso hablar, pero también, el resto debe tener la delicadeza de escuchar. Y luego, sólo luego, juzgar, si ello es algo que estén en condiciones de realizar – pero muy poca “Jente” puede hacerlo -.

EN NOMBRE DE DIOS (MAGO DE OZ)

Si has perdido la fe
y has pactado con el mal,
pon tu alma en paz,
que de tu cuerpo yo me ocuparé.

A través del dolor
vencerás a Lucifer,
primero has de aceptar
que ser lesbiana es una enfermedad.

No omitas detalles, cuéntame
cómo os la montabais las dos,
y entonces yo te daré la absolución
desnuda y en mi habitación.

Con la tortura obtendrás el perdón.
Acepta a Cristo y muere en nombre de Dios.

Muere en nombre de Dios!!!

Si quieres confesar
tu desviación moral,
que eres homosexual,
que entre tus piernas anda Satanás.

En el quemadero tú arderás.
El fuego purificará
todo pecado que tu cuerpo cometió.
La hoguera te hará a ti el amor.

Con la lujuria te condenarás.
Sólo nosotros follamos en nombre de Dios.

Si has perdido la fe
y has pactado con el mal,
por ser gay o bisexual
el Santo Oficio te exorcitará.

Con un auto de fe,
que aunque cruel es lo mejor,
para escarmiento de quien
no sigue la doctrina de la fe.

Pobreza, obediencia y castidad
es siempre obligado cumplir,
o no ser que seas Papa o seas Rey,
Obispo, o del Opus Dei.

Haz lo que diga, no lo que haga yo.
Tenemos dinero, poder, sexo en nombre de Dios.

Siempre en nombre de Dios!!!

Vendemos bulas,
compramos tus sueños.

Matamos en nombre de Dios.

Soledades Compartidas

30 de abril de 2007

La ciudad. Un aglomerado de gente que corre por llegar a tiempo, que mira sin observar, que se atropella en su búsqueda inocua de un objetivo banal, personas que empujan sin disculparse, que están demasiado apurados como para expresar sus disculpas, o simplemente sonreír en un gesto de vergüenza propia, ante la reflexión de su comportamiento acelerado.

No. Sólo gente corriendo a la tumba, sin saborear un poco de algo: lo que sea. Corren para llegar a sus responsabilidades, corren de las responsabilidades para apurarse en descansar, y luego, el descanso lo aceleran, para continuar con aquella responsabilidad suspendida, y finalmente, tras la jornada, regresar – más veloces que nunca- a su casa, en la cual, comerán y dormirán rápidamente, para poder ‘descansar’.

Una constante rutina veloz, que no permite la presencia del tiempo siquiera.

Qué vida agotadora. Tan diferente de los pueblos.

Allí, en los pueblos, el tiempo se dilata. Excepcionalmente, por esa extraña capacidad del humano de percibir las cosas sin que se puedan describir por ecuaciones diferenciales, la persona de pueblo, camina con tranquilidad, degusta demasiado la vida, saludando a su gente, a la que conoce de hace años y milenios se podría decir, si es que el humano tuviera inteligencia acumulativa de generaciones anteriores.

El ingreso o egreso de su ruta o paseo, es queda, y disfruta de cada uno de los humanos con los que choca diariamente. Pero sin embargo, esos humanos son siempre los mismos. Está atrapado prácticamente en un círculo reiterativo y fotocopiado, que transcurre con una velocidad asombrosamente pausada. Incluso miles de veces, se le puede contemplar con los ojos en el cielo, en una expresión de aburrimiento absoluto.

Y es que tanto el hombre de cuidad como el de campo, no saben de su propia insatisfacción aunque la sienten latente, allí, debajo del pecho, latiendo cual corazón.

Uno, muy apurado para ver a los otros, no los percibe; el otro, con demasiado tiempo a la reflexión, sólo se resigna a la rutina diaria de las mismas caras, los mismos gestos, y las mismas eternas contestaciones.

Y es allí cuando el espíritu aventurero nace de entre las penumbras de su ser. Emerge como una Orca que destroza a la foca, su presa, que nada desprevenida en la superficie marina.

Y una vez más la frustración, el miedo, el deseo, y el temor.

De todos esos sentimientos, si la resignación no los opaca, terminan por determinar la acción: mudarse en busca del nuevo sentido al vivir.

Luego, como vagabundos decididos, declinan toda su realidad, aquella que les hacía vivir corriendo o dando pasos lentos, e intercambian sus roles.

En sus respectivas Terminales, toman el autobús que les llevará a su nuevo destino. Quizás durante el viaje, ambos se contemplen en la ruta, cuando casualmente, el bus que los conduce, se cruce por solo un instante con el otro, sellando todas las posibilidades de conocerse mutuamente.

Simplemente un contemplar igual de expectante, que no duraría más de un segundo, y luego, fugaz, se pierde en el tiempo... búsqueda de aquello que no encuentran....

El hombre de cuidad, caería en aquel pueblo que recuperaba el habitante perdido, y respiraría con gusto el aire sosegado del lugar. Cual paraíso, la amabilidad, la simpleza, y el lento paso del tiempo le maravillarán. Se sentirá en su hogar, en un hogar que nunca fue propio, pero que parecía serlo, al menos, las primeras tres semanas.

Análogamente, el hombre caído en la ciudad, se sentirá empequeñecido por la majestuosidad de aquellos gigantes de concreto que se erigen en las ciudades, por las luces que opacan la belleza de las estrellas – en realidad, de las pocas que se pueden contemplar en la ciudad contaminada – y el ruido de vida aturdirá sus sentidos, pero todo le parecerá simplemente fascinante. Sólo por tres semanas.

Luego del período de adaptación, comenzarán a notar las carencias.

El campo le ofrecía al pueblerino, una paz que no lograba encontrar. Ya no era la rutina lo que le molestaba. Simplemente no había forma de crear una rutina, que no fuera, la de correr a la velocidad del tiempo – tan infructuosa carrera -. La irritación exasperaría su semblante calmo, y pronto, acoplado a la masa, comenzaría a ser uno más de aquel montón acelerado, empujando gente desconocida, preocupado por el tiempo que se escurriría de sus manos, deseando descansar lo antes posible, con lo que alimentaba el vicioso círculo de rapidez.

Y sólo cuando llegara a su casa, sentado en la cama, contemplaría el cielo lleno de smog, que empañaba a las estrellas, y comenzaría a notar la angustia de su existencia. Allí mismo nacería de vuelta, esa frustración de la que se había creído liberar apenas pisó la ciudad.

Pero no sería el único.

En el campo, su análogo, estaría horas sentado en una banca de plaza, contemplando el inerte pueblo, sin almas para su percepción – acostumbrado a los aglutinamientos – y la rutina de conocer a cada una de las personas que allí vivían, pronto terminaría con su curiosidad. El pueblo se le mostraría en extremo aburrido. El silencio induciría el zumbido de sus oídos, y toda su energía acumulada, gritaría por libertad. Aquel movimiento lento de transcurso de tiempo, en el fondo, sería una cadena para su espíritu.

Y al igual que aquel hombre que ocupaba su lugar en la ciudad, volvería a sentir su frustración: Esa necesidad de pertenencia, que todo humano en algún momento desea poseer, aunque sea, por un breve instante.

Pero allí, el hombre en la banca de la plaza, el hombre sentado en su cama, mirando el cielo oscurecido, solo podría sentir el latido calmo que lentamente se intensificaría.

Una vida que transcurría con diferentes velocidades, pero que a final de cuentas, ejecutaba la misma acción: camino hacia la tumba.

Suspiraron en simultáneo, a pesar de que nunca lo sabrían, y en ese mismo momento, la decisión de la resignación les venció por completo.

Mejor el infierno conocido a uno nuevo que conocer.

Ahora, el cansancio que la experiencia les había generado, había enturbiado sus miradas, y sus rostros ya no eran el de un niño expectante. Habían cambiado a un gesto cansado y resignado, entristecido de aquella verdad que tan duro les había golpeado.

Y es que la verdad, parecía, no tenía más que dos realidades: la positiva, la negativa. El Sí o el No. No más posibilidades.

De regreso a sus ecosistemas naturales, los buses de aquellos dos hombres se volvieron a encontrar en la ruta. Se miraron por segunda vez a través de las ventanillas, sorprendidos de la coincidencia. Sólo un segundo. Sólo una segunda vez en sus vidas.

Y ya un autobús se alejaba del otro sin posibilidad de detención.

La mecha del misterio se encendió en sus almas.

Al regresar a su pueblo, el hombre contempló al mismo con cierto gusto de añoranza y amargura.

Caminó con tranquilidad hacia la plaza central, y allí, se dejó caer sobre una banca. Miró a su costado, y un joven concentrado en un libro, apenas percibía su presencia.

Un joven nuevo en el pueblo, uno que no había reconocido. ¿Acaso el pueblo tardaría mucho en convertirse en ese infierno de desconocidos que era la ciudad?.

El muchacho, parpadeando varias veces, levantó su rostro hacia el hombre, y le miró por un segundo. Un simple segundo, y sonrió.

Observó el libro que tenia en sus manos el joven, del cual sólo distinguió una tapa con un dibujo eclesiástico, una rosa, y la palabra ‘Nombre’ escrita, cuyo título completo era tapado por los dedos del joven.

Volvió a posar sus ojos en los del muchacho, y le miró con curiosidad.

Una joven esperando el autobús, cargando su mochila, inyectándose música por los oídos, se encontraba abstraída, mirando el suelo.

Esa fue la primera imagen que contempló el hombre cuando llegó a su ciudad natal. El ruido, el humo, los insultos, las bocinas furiosas de conductores impacientes, los empujones de personas que continuaban con su carrera, le supo muy natural, y casi no lo percibió, más allá de aquella imagen de una joven que dejaba pasar autobús tras autobús, demasiado abstraída en sus pensamientos, aplacando el estrepitoso ruido de la gran ciudad con aquellos pequeños audífonos.

Caminó con lentitud hasta simular esperar un autobús, en el mismo lugar donde la joven aguardaba, apoyada sobre el poste que indicaba con un minúsculo número la parada de tal línea de transporte.

La mirada de la chica, se perdía más allá de la tierra, más allá del suelo. Estaba observando, estaba contemplando, y estaba viviendo un universo que él desconocía. Curioso, frunció su ceño, logrando distraer a la joven de su mundo. La chica parpadeó varias veces, y levantó su rostro hacia el desconocido, contemplándolo con neutral gesto, el cual había adoptado de inmediato, pero que no tenía similitud alguna con el rostro amable que había estado ostentado hasta ese momento.

Se sacó un audífono y levantó una ceja, en actitud de quien espera una pregunta.

El hombre se sorprendió. ¿Acaso comenzó a ver observando en medio de la ciudad?.

- ¿Ocurre algo, señor?

- No. sólo creí que te conocía de algún lado...

- ¿Mn?

- Vengo de un pueblo al norte... creí haberte visto con un muchacho en la plaza central del lugar.

- Oh. Es cierto. Usted era el que se sentaba en la banca y contemplaba todo demasiado perdido. ¿vive en la ciudad?

El hombre parpadeó varias veces.

Y lo recordó.

Recordó que siempre contemplaba a ese chico que al igual que él, se perdía en su propio universo, sentado en una banca de aquella inmensa plaza.

Pero de un día para otro, una joven similar, se había acoplado a la compañía del joven, tan sumidos en sus universos, en sus charlas de voz baja, en sus silencios, que había experimentado no sólo una profunda curiosidad sino una suave envidia de aquel milagro. Había creído que eran los únicos del pueblo que parecía no importarles el lugar aburrido en el que se encontraban. Parecían dos personas en el ‘mismo universo’.

Parecían estar acompañándose en sus soledades.

Suspiró.

- ¿Se encuentra bien, señor?

- Sí. Lo estoy... soy de ciudad... sólo que...

Se cortó a sí mismo.

Contempló a la joven una vez más. Cabello raramente cortado, ropas desalineadas y una mochila de apariencia pesada. No tenía nada de especial, no tenía nada que la distinguiera del resto. Pero algo la alejaba de su soledad, de aquella soledad, de aquella frustración...

Y lo comprendió. Sonrió cual vencido da por terminado la pelea.

- no te afecta vivir en ciudad o campo... – afirmó cansino

- Yo no cambio mi mundo cuando cambio de lugar.

- Lo supuse.

Sin saludar, dio media vuelta y se fue a su casa, agotado de tan largo viaje.

La chica, volviendo a su rostro de indiferencia – que en el transcurso de esa breve charla había adquirido un suave gesto de sorpresa - colocó el audífono en su oído, y miró el reloj. Tomó el siguiente autobús.

¿Se necesitaba cambiar de lugar para encontrar el propio lugar? ¿Se necesitaba un viaje para degustar la frustración de la propia soledad? ¿Se necesitaba observar a un par de jóvenes para comprender que las personas viven en universos personales, que sólo unos privilegiados pueden compartir mutuamente?

El hombre en la plaza, aún contemplaba la sonrisa suave de aquel muchacho.

- Joven, tú que lees, debes ser muy conocedor de las cosas...

- No, no lo soy...

- Lo pareces...

- Las apariencias nunca muestran lo que son. Pocos ven mas allá de la carne.

- ¿Pocos? ¿Entonces existen?

- Existen para cada uno de nosotros. Son pocos los que comparten nuestro propio universo personal...

- Gente como uno, ¿verdad?

- Algo así.

El muchacho sonrió de vuelta, y se concentró en su universo una vez más.

El hombre suspiró sonoramente.

Había comprendido.

Soledades compartidas. Ni mil viajes por el mundo entero reemplazarían la tranquilidad que otorga la presencia de un ser con el que pudiera compartir su mundo personal.

¿Con quién podría compartir su soledad, su mismo universo?

Y entonces recordó aquella mirada igual que la suya, que duró por un segundo, en la ruta, tan anónima como cualquier ciudad, como cualquier pueblo...

Maboroshi 2007-04-30