16 de marzo de 2008
15 de marzo de 2008
Ella llora cada noche, vestida en su manto negro, decorado apenas con pequeños brillos que son opacados por el humo que la rodea. Su piel está reseca, las grietas se abren en su cuerpo mostrando el enfermizo interior. Un interior de un rojo gastado tan único como su sangre, que violentamente camina en su interior, dándole pasión, ira, violencia.
Sus bellos ojos verdes, que irradiaban esperanza y vigor en su juventud, se encuentran ahora marchitos, grises, agotados de derramar lágrimas con sangre, con dolor, con tierra. Lágrimas que surcan su agrietada piel. Lágrimas que llenan pequeños lagos profundos de desesperanza, de angustia, de cerrazón.
Su cabello lentamente se va cayendo, tornándose marrón, reseco y quebradizo. Como hojas muertas se desparraman por su manto negro. Su piel ya no alimenta sus raíces.
Y su dolor infinito se traduce en llanto silencioso que atraviesa la inmensidad del éter. Sus labios que besaron vida, sólo se retuercen de tristeza al ver próximo su fin, dictaminado por sus propios hijos. Hijos que alimentó desde el principio de los tiempos, y que ahora le pagan con ese maltrato que incendia su alma, y la consume en llamas negras.
Suspira, buscando aliviar el dolor que la acongoja, pero su aliento pútrido la desmoraliza aún más.
La que había sido y la que tristemente es...
Levanta su falda vieja y negra, para contemplar sus piernas ajadas, contemplando sus pies en llamas.
Desesperada mira a su alrededor en busca de ayuda, pero sólo encuentra a sus criaturas animales cayendo una tras otra, muertas por la hambruna, la destrucción de sus hogares, el envenenamiento de sus aguas, la suciedad de sus aires, la ambición de sus hijos. Junto con ellas caen tambien sus criaturas vegetales, que se deshojan resecas, amarillas, envenenadas, destrozadas.
Y allí, detrás de todo aquel caos, ve a sus hijos. Su criatura más petulante. Los humanos.
Llora. Llora sintiendo el fuego que la consume, la asfixia que la rodea, la sangre pútrida que pronto dejará de recorrer sus venas.
Y sólo llora, en la inmensidad del cosmos.
Sus criaturas mas petulantes y más estúpidas.
Destruyendo lo único que les da vida.
8 de marzo de 2008
Simplemente una entrada de desahogo, que no tiene porqué tener razón palabra alguna que digo. Sólo desahogo para evitar la irritación crónica que padece mi misantropía.
Tal vez sea producto de que el mundo supone que nacer significa estar de acuerdo con lo que se es, estar conforme siendo lo que se nace y no se nace. Pero en fin, esto no es así.
No hay nada que me irrite más que este día sexista (bueno, sí hay cosas que me irriten más, como por ejemplo Leidenfrost, pero en este momento no). Me irrita que sea un día que intentan adornar de muy feminista, pero no es más que la misma mierda del estereotipo que todos tenemos en la cabeza.
Primero, antes que nada y antes que todo, ¿¡por qué carajo se felicitan a las mujeres en este día!? Alguna mujer ofendida por lo que acabo de decir me dirá que es un día para conmemorar la lucha de la mujer por un espacio igualitario con el hombre. Eso no contesta lo que pregunto.
Me parece odioso que haya un día de la mujer y no haya un día del hombre (luego hablamos de igualdades). Me parece odioso que todo el mundo sepa qué es lo que se conmemora y felicitan a las mujeres (porque o es una conmemoración de una lucha o es un día para un género). Si conmemoran la lucha, no conmemoran a la mujer. Igualmente, sea cual fuere, el mundo actual necesita mucho más que una simple conmemoración.
Y así, en este mal uso de las denominaciones, la gente sigue alimentando el asqueroso estereotipo. Y lo hacen porque ya tienen asumidos muchos aspectos respecto de las mujeres.
Primero se asume que todas las mujeres están felices de serlo. ¿Eso quién lo dice?, eso es el estereotipo con el que alimentan a las mujeres desde pequeñas, junto con el pack de ‘te casarás, tendrás hijos y te dedicarás a tu familia a la vez que trabajarás para sentirte independiente, porque eso es la libertad de la mujer’.
Segundo, asumen que este día hay que decorar las cosas en ese color pasteloso horripilantemente rosado. ¿¡Por que!? . Respuesta: a todas las mujeres les gusta el rosa. No hay más que decir. Es el estereotipo. Si eres un tipo te va el azul, si eres una tipa, vas con el rosa.
Tercero, se considera que toda mujer gusta de las flores, bombones, lapiceras de corazones, aros rosados o cualquier otra chuchería que lleve incorporado el pasteloso rosado junto con algún motivo maternal o tierno. Al parecer no existen las mujeres que gusten de motivos de coches, espadas, números u otro motivo ‘menos’ femenino.
Cuarto, en este día se habla por las tapas de las ‘virtudes’ de la mujer, que resultan ser siempre las mismas que el estereotipo no para de inculcar a las personas: ‘son femeninas, son amables, son madres, son tiernas, son fuertes y sacrificadas en pos de su familia’... tal vez modifican el mensaje habitual con un poco de ‘valor por este día de lucha’, pero no más. Regresan siempre al mismo estereotipo. ¿Es que no comprenden que no todas son femeninas, no todas quieren ser madres, no todas son tiernas y no todas prefieren dar su vida por una familia?. Y así, pensando en esos mensajes que no paran de llegarnos, podemos ver millones de propagandas donde efectivamente, la mujer sigue en su pasivo papel de ama casa sacrificada a su familia cuya meta más alta es la de sacar la grasa de la cocina (y que para colmo, necesita de una copia de superhéroe yanki de mala muerte para que pueda superar su innata debilidad e inutilidad física).
Muchos saludos por parte de todos en este día, pero el resto del año seguimos igual alimentando el estereotipo.
Sigo sin entender porqué no llamaron a este día ‘día de la lucha por la igualdad’ en vez de esta cosa mercantilera en que siempre resultan las malas denominaciones de las fechas, a la vez que siguen alimentando una imagen que curiosamente, es contra lo que se quiere luchar.
Y para el colmo de los colmos, un noticiero, a pocos días de esta fecha, realiza una nota de lo peor.
En vista de que no había noticias importantes, más allá de asaltos, asesinatos y cosas que infunden el pánico colectivo, los señores del noticiero no tuvieron mejor idea que ‘festejar’ el día de la mujer haciendo una encuesta a todo hombre que caminara por la calle para preguntar si ‘preferían a las mujeres sumisas’.
Y de allí mi indignación creció de forma exponencial.
Todos los encuestados hablaban de que la mujer actual es poco sumisa, casi como si eso les indignara. Y es que lo poco de libertad que ha obtenido la mujer, hace creer a los ojos de esos que tienen el estereotipo en sus cabezas, que ya lo que es derecho innato de un individuo les parezca privilegio. El ser reprimido toma su derecho, y el ser represor se espanta de tal cosa, asignándole el carácter de privilegio. Detestable.
Y de esa encuesta, sólo se escuchaban respuestas nacidas del estereotipo.
“Las mujeres no sirven más que para deleitar a los hombres (argumento que intenta justificar el piropo), deben ser tiernas, sumisas y maleables (para que el imbécil ente que está a su lado se sienta hombre), deben ser sacrificadas a la familia (porque las familias antiguamente estaban llenas de armonía, gracias a la represión sistemática de la mujer de la casa), deben soportar los pormenores de sus parejas (si incluso ese pormenor es una violencia), las mujeres se hacen mujeres gracias a un hombre (intento por cultivar el culto al falo, como si las mujeres realmente necesitaran de tal cosa)” y así en un largo etcétera que me indigna.
Luego esos señores hacen en este día su acto de apoyo a la lucha por la igualdad, porque ‘queda bien’.
Y son estos mismos señores los que proclaman la caballerosidad (gran símbolo machista) y aleccionan mujeres para que crean en la caballerosidad un acto de igualdad, cuando no es más que simple sexismo.
Y así, estamos acostumbrados a ver cómo los choferes de colectivo paran en lugares que no corresponden a señoritas bien vestidas y en minifaldas, y a un pobre estudiante de arquitectura no le conceden ese favor ni aún a 20 mts de distancia de la parada.
Así vemos cómo los señores dan ‘el paso primero a las damas’ cuando suben el colectivo, sólo para mirar fijamente el trasero de la joven, o si tiene falda, espiar con suerte por debajo de la misma, como si ello representara el descubrimiento de una nueva América (patético, infantil e indignante). Y no sólo basta con esto, sino que una vez arriba del colectivo, la dama fácilmente encontrará lugar, porque un caballeroso hombre le dará el asiento, para poder visualizar de mejor perspectiva el escote de la muchacha. Pero claro, este comportamiento tan gentil será completamente ausente si sube un anciano con bastón, o una señora con una mano enyesada.
Y esos mismos señores son los que asumen el raquitismo de las mujeres, a las que consideran entes sumamente débiles y frágiles a las cuales siempre hay que ayudarles a mover alguna caja de cuatro kilos de un lugar a otro. Y son ellos mismos los que aleccionan a las mujeres para cultivar esa debilidad. Y no es que sea terca. Comparando contexturas físicas similares, las mujeres pueden desarrollar una fortaleza física similar.
Hay demasiado estereotipo por todos lados, mezclando y devaluando a la mujer siempre, relevándola al nivel de ente pobre, débil, oscuro, que siempre necesita apoyo, compañía y seguridad, y siempre se le halaga las virtudes del estereotipo: pasiva, fiel, sacrificada, callada, conformista.
Con todo esto que hay que cambiar, que hay que concienciar, me vienen a felicitar....
¡Por favor! ¡Señores! ¡Métanse el día de la mujer en el fondo del diccionario! ¡se necesitan hechos, y no palabras! ¡Olvídense de saludar, pero comiencen el trato con REAL igualdad!
Nota: como siempre, dibujo cortesía de JorGELIna
Nota 2: y la verdad me quedo corta con lo comentado arriba. Encontré una entrada mejor aquí.
27 de febrero de 2008
“A veces pienso que el peor de los vacíos no es el de la muerte, sino el de la vida. Es como un rompecabezas al que le queda un hueco. Y uno intenta meter piezas ahi, pero nada parece encajar bien. Es solo un hueco... Como si la nada no fuera falta de algo, sino algo muy poderoso en si mismo.” [Geli]
Y sí. El vacío no es la muerte, sino la vida, porque el vacío sólo es apreciable con la vida, y no con la muerte. La muerte tiene nada de conciencia, y todo de vacuidad. La muerte no permite apreciar, ni sentir, ni sufrir. Ciertamente no se ríe ni se llora. No se quiere ni se odia. No es más que la nada. La muerte es el pasaje a la nada, y de ahí radica el sentimiento triste del existir. Porque mientras se es un ser con vida, se experimenta sensaciones, desde la conciencia, hasta el odio y el cariño. Se piensa, se investiga, se disfruta, se sufre, se llora.
La vida, sin saber exactamente qué es, como así tampoco se puede definir la felicidad, es un promedio pesado, como diría mi profesora de laboratorio. Cada término de nuestro polinomio representa en sí mismo una característica de nuestra vida, y su coeficiente principal la importancia que le damos en ella. Probablemente no existan términos de cierto grado, porque están en nuestro conjunto de coeficientes de valor cero. Y tal vez, esa sensación de vacío que dan estos coeficientes nulos, sean esas piezas del rompecabezas que por mas que intentemos agregar a nuestro polinomio con aproximaciones bizarras, nunca se llegará a la cifra exacta que se quiere estimar. Nunca una aproximación será el valor exacto en sí. Y desde ese sentimiento matemático, se puede entender que en el fondo, aún sin conocer a Taylor, cualquier persona comprende que las aproximaciones no son la cifra en sí misma. Los sustitutos no son el elemento original en sí. Las mujeres no son ‘esa’ mujer. Los hombres no son ‘ese’ hombre. Los deseos no son ‘ese’ deseo.
Y ahí radica el origen de la sensación de vacío, nacida en parte por la insatisfacción innata que todos tenemos, y que el sistema fomenta banal y salvajemente.
Pero ciertamente, la Nada es el Todo. Y sin entrar en filosofía barata, la frase tiene gran verdad, porque el mundo– incluyéndonos a nosotros, los humanos, los seres más pequeños del universo que tienen el ego más grande del cosmos - se encaminan hacia la nada. La Nada es el gran poderoso de los poderosos. Ningún héroe podría contra ella.
Muchas veces he deseado escribir en este espacio cosas positivas, ahuyentar esa verdad tanto para la gente que lee esto como para mí, pero me es imposible. Ciertamente no se puede dar una solución general a un problema que en cada ser humano resulta de diferente magnitud. La actitud más razonable se encuentra una vez más en el budismo: ‘amigarse con la nada’, reconocerla y armonizar con ella.
Pero es obvio que la actitud más sana para mi criterio puede ser la más enferma para otro, y por ello no puedo decir mucho al respecto.
La forma que tengo de buscar la armonía con esa verdad, es simplemente oponiéndome a ella, como casi todo lo que hago en mi vida. La idea no es seguir la corriente, sino andar contra ella, criticarla, y buscar algún puente transversal para salir de ella y estar por sobre la misma... aunque sea un puente derruido, pero al menos ya fuera de la corriente, uno considera que será capaz de contemplar la verdad en una forma más desnuda. Pero es sólo ilusión. Siempre la verdad es afectada por el observador, y el observador por la verdad.
Sin embargo, y para no terminar una entrada más con ese sentimiento de vacío, se puede decir otra gran verdad dicha por Borges. Es una verdad que cuando la leí por vez primera no me supo tan veraz como ahora, que me la he estado repitiendo mentalmente por más de cuatro años, y es que en el fondo, somos concientes de nuestra finitud, pero no de nuestra inmortalidad. Una inmortalidad que se plasma en el presente, en ese segundo que se escapa, en este momento en que se está leyendo estas palabras. En ese momento se es inmortal, porque uno siempre vive el presente, y probablemente por ello sea tan difícil discernir qué es el presente. Pero ciertamente es lo más cercano a una inmortalidad como la que puede desear un pobre ser enclenque que busca perpetuar su conciencia de forma eterna y escribe estas palabras en la oscuridad de su cuarto.
Somos inmortales en este presente que nunca se acaba. Somos inmortales en algo que no tiene ni principio ni fin determinado. Somos eternos, de alguna forma irónica, pero lo somos. Tal vez no es la inmortalidad deseada, no es lo que se quisiera. Tal vez una inmortalidad en la juventud sería más atrayente, pero no. Esta inmortalidad es tan imperfecta como los humanos, porque una vez más, tales conceptos no son más que creaciones humanas.
Lo importante es que siendo conscientes de la inmortalidad, se camine dentro de la misma hacia la dirección de mínimo vacío. Llenarnos lentamente es un proceso doloroso y largo... mientras seamos inmortales, podemos seguir haciéndolo.
El día que la inmortalidad cese, dudo que se lo pueda advertir. El quiebre entre esa inmortalidad y la Nada, será inapreciable, porque después de todo, se ingresará a la nada, donde no hay conciencia con que apreciar las cosas.
A pesar del dolor de la existencia, el final siempre resulta muy indiferente.
La Nada es el Todo.
Ciertamente.
Perdona geli que use tus palabras como pie para el post, pero el leer tu comentario me disparó todas las ideas... era justo ponerlo.
NOTA: La imagen se llama "Oscuridad" y pertenece a JorGELIna. ¡Gracias Geli!
24 de febrero de 2008
Hallé una página que funciona. Puedes enviar mensajes de texto al celular de tu amigo siempre y cuando esté en argentina, y la empresa que le da su servicio se encuentra en el submenú de la ventana emergente.
Para simplificar y hacer efectivo el mensaje, primero pon en "prefijo" el número 11 (correspondiente a Buenos Aires, sino debes usar los prefijos telefónicos de Argentina), y escribir en el siguiente casillero el número del celular sin 15.
A todo esto, es importantísimo que en el lugar de 'compañía' le dejes la opción 'detectar', porque sino genera error, y no llegan. (curioso, podrían ahorrarse la opcion y ya)
Otro detalle importante a tener en cuenta, es que es recomendable poner el mail, porque si se obtiene un mail de error ya se sabe que no ha sido enviado, mientras que todo envío de mensajes sin que un mail nos avise de algo implica la llegada del mismo.
Efectivamente llegan, doy fe de ello.
