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Problemas con "Enka: las voces nostálgicas"

18 de octubre de 2008

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Eso es todo. Disfruten con las entradas de:

Enka: las voces nostálgicas
|| Parte 1 || Parte 2 || Parte 3 ||

Enka: las voces nostálgicas - Parte 3

Sakamoto Fuyumi
Sakamoto comenzó su época de cantante a la edad de 19 años, su música tiene fuerza y cierta similitud con la música occidental. Al igual que Ishikawa Sayuri, tiene su propio estilo que más que hablar de él conviene escucharle y sacar cada uno sus conclusiones.

Sakamoto Fuyumi: Noto wa irankaine


Sakamoto Fuyumi: Rashomon


Sakamoto Fuyumi: Iwai zake



Mizumori Kaori
Su nombre real es Oude Yuukiko, y es una de las más jovenes cantantes de Enka que he nombrado por el momento. Se caracteriza por tener un extremado estatismo en el escenario, pero un innegable manejo de la voz que lanza tonos potentes sin dificultad. A diferencia de la gran mayoría que he relatado, suele presentar su espectáculo con indumentaria occidental en general, y vestidos de fiesta en particular.

Mizumori Kaori: Kushiro Shitsugen


Mizumori Kaori: Tottori Sakyu


Mizumori Kaori: Tojinbo


Mizumori Kaori: Kyouto Bojo



Miyai Yumi
Es la última que nombraré por el momento, más que nada para completar mi pequeña lista de las 'grandes cantantes del Enka'.
Miyai Yumi es argentina, descendiente de japoneses. Estudió en la Academia de Canto Sebastian Mellino, y se ha dedicado a dar espectáculos haciendo covers en inglés, español y japonés. Adora el tango y tiene un gran repertorio de dicho género que suele presentar en diversos bares y clubes nocturnos de Buenos Aires.
Su estilo, en cuanto a su canto en japonés, me resulta único e inimitable. Su tema más característico es "Oryou" que no se puede conseguir por el momento, y sólo se lo puede escuchar en sus presentaciones en vivo. Sus interpretaciones van acompañadas de una actuación imponente, fuerte y con una gran transmisión del sentimiento, no sin tener un juego delicado con sus manos y miradas.

Puedes escuchar otro tema bellísimo que hace alusión a la Bomba de Nagasaki interpretado por Miyai Yumi en su Space, dicho tema se llama 'Ippon no Enpitsu" (Un sólo lápiz) que narra la visión de una persona inocente que busca transformar el odio de la guerra en belleza, sensibilidad y amor, y para ello sólo desea tener un lápiz con el cual dibujar una historia diferente de lo sucedido. Emotivo tema que recomiendo escuchar sin excepción.
Tambien puedes escuchar "Ippon no Enpitsu" en una ventana nueva aqui.

Miyai Yumi en la 4ta Convención Nacional de Cultura Japonesa


Si gustas de escuchar a Miyai Yumi en otros estilos de música, no sólo el Enka, puedes ver este compilado de muchos de sus covers:

Miyai Yumi: Compilado de producciones


Más videos de sus producciones de tango aquí.


Y finalmente en complemetanción con la entrada de Jero realizada anteriormente, presentaré el tema "Hisame" (lluvia de granizo) que es un clásico del Enka. Esta vez interpretado por Hino Mika

Hino Mika: Hisame


y apoyando el producto que Jero entrega (Enka fusión), encontré el tema Hisame interpretado por él, en donde utiliza una orquesta y principalmente la guitarra eléctrica. Si bien su Enka es música de tipo fusión no deja a un costado la sutileza oriental, como lo demuestra su video promocional.

Jero: Hisame




Fuentes y Adicionales:

Puedes Escuchar a la mayoría de estos cantantes y sus canciones parcial o completamente en Last.fm

Enka: las voces nostálgicas
|| Parte 1 || Parte 2 || Parte 3 ||

Enka: las voces nostálgicas - Parte 2

Luego que haber presetado a los dos cantantes masculinos que a mi parecer son más interesantes dentro del Enka (aunque realmente hay un par más pero será en otra entrada) pasaré a lo que yo considero lo mejor del Enka y que es cantado en la voz de las siguientes mujeres:

Kobayashi Sachiko
Esta cantante se caracteriza por transformar sus indumentarias en parte del escenario. Es un espectáculo bellísimo, y me cuesta elegir un sólo video. Desde ya su voz tiene una gran melodía y un gran manejo del vibrato, y según sus propias palabras, deseó romper con el estilo de concierto Enka, que consistía en escuchar a una persona parada en medio del escenario, sin más espectáculo visual. Ella por su parte incorpora, como se ven en los videos, escenografía movible además de danzas y otros elementos adicionales que complementan a la cantante.

Kobayashi Sachiko: Nakase Ame


Esta cantante también es actriz y ha mostrado sus habilidades multifacéticas encarnando personajes que van desde geisha, hasta samurai, incluyendo ninja, mujer ladrona, princesa y espía. Prefiere los roles masculinos a la hora de interpretar géneros de épocas samurai. También es diestra en la danza japonesa y sabe llevar los kimonos con una elegancia sutil e imponente.

Kobayashi Sachiko: Koi Sakura (2007)



Ishikawa Sayuri
Simplemente hablar de ella y de su voz no tiene sentido alguno. Es mejor verla y escucharla. Transmite gran sentimiento a sus canciones y no sólo es admirada por el público sino muy respetada dentro del ambiente de cantantes Enka, lo cual demuestra su maestría. Sus movimientos sobre el escenario, más la ambientación en la que se ubica produce un gran espectáculo de sutilezas. Su tema característico es "Tsugaru Kaikyou Fuyugeshiki". "Amagi Goe" es otra de las canciones donde despliega su voz y su talento con gran fuerza. Tampoco pude elegir entre ambas.

Ishikawa Sayuri: Tsugaru Kaikyou Fuyugeshiki


Ishikawa Sayuri: Amagi Goe



Nagayama Yoko
Adoro el poder de su voz y la fuerza con la que suele cantar, acompañada de gestos que no suelen ser propios de las cantantes de su estilo. Diferencias sutiles, pero diferencias al fin y al cabo. Sus temas tienen gran predilección por el sanshin.

Nagayama Yoko: Jonkara onna bushi


La nota de color sobre ella consite en que en sus inicios fue una idol que cantaba J-pop. Debido a la carencia de fama que acompaña a las personas del ambiente pop tras un tiempo de estadío en los medios, decidió ingresar al mundo Enka, lo cual resultó un evento poco frecuente. Luego de su incorporación al Enka aprendió sanshin, que no es un instrumento para nada fácil, y lo hizo predominar en la canción con la cual debutó en sus habilidades con dicho instrumento, que fue "Jonkara Onna bushi"

Nagayama Yoko: Bokyou hitori naki



Enka: las voces nostálgicas
|| Parte 1 || Parte 2 || Parte 3 ||

Enka: las voces nostálgicas - Parte 1

17 de octubre de 2008

Finalmente me he decidido por escribir una entrada sobre el Enka. La causa de escribirla tan rápido fue que parte de la gente que leyó sobre el fenómeno de Jero no podía diferenciar mucho sobre lo que es el Enka tradicional y el Enka que creaba este joven artista.
Pero para eliminar cualquier duda, intentaré hacer una breve reseña del Enka, sus precursores y mis cantantes predilectas.

El Enka es un género musical japonés tradicional. Aunque hablando más apropiadamente no es exactamente cien por ciento tradicional pues contiene instrumentos usados en la antigüedad japonesa y los combina básicamente con orquestas occidentales. Los intrumentos que suelen destacar son el sanshin, el shamisen, el shakuhachi, el koto, y entre los instrumentos occidentales, la típica orquesta con gran predominio del violín, pero con la total ausencia del piano.
Durante el canto, se realizan muchas variaciones tonales, y se usa el kobushi (vibrato de la voz) que aumenta la sensación de melodrama. Las mujeres cantantes de Enka suelen vestir principalmente kimonos, a excepción de algunas veces que son reemplazados por vestidos de fiesta o por el curiosísimo espectáculo de Kobayashi Sachiko que tiende a transformar su vestimenta en un escenografía deslumbrante. Los hombres suelen vestir trajes mayoritariamente, aunque también es común verles en hakama, o incluso utilizar boas de plumas y otras rarezas indumentarias como es el caso del prodigiosísimo y joven Hikawa Kiyoshi.
Las letras manifiestan el sentimiento melodramático japonés de la existencia. Similares al tango, narran las frustraciones del presente, las imposibilidades del regreso al pasado, las pérdidas emocionales, y el deseo de regersar al "furusato" (lugar natal).
Este género se hizo popular en Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que su existencia data de tiempos más antiguos.
Pero ahora pasemos a conocer estilos y artistas de este género.


Hibari Misora
Fue la cantante más popular de Enka en los años posteriores a la guerra, y su fama como su persona aún siguen vigentes en el Japón como una leyenda. Su tema más característico es "kawa no nagare no you ni", que se caracteriza por ser escuchado siempre en la TV japonesa, al menos una vez al día. Es un tema bellísimo cuyo título significa "fluir como un río" y relata utilizando siempre la analogía del río, la existencia del humano, su constante atravesar por los obstáculos, y su capacidad para adpatarse a las circunstancias a lo largo de la vida. Es una canción que busca dar aliento en los momentos difíciles.

Hibari Misora : Kawa no nagare no you ni


y mientras investigaba sobre Hibari Misora encontré fusiones interesantes de los Mariachis (Manuel Vargas) que cantan la canción en lo que aparentemente se ve como un evento de cultura japonesa (por supuesto la diferencia de pronunciación es importante, pero no deja de formar parte de las curiosidades que me gustan) y fascinante el énfasis del 'ikinagara' (mientras viva). Realmente una versión donde las idiosincracias se mixturan.

Manuel Vargas: Kawa no nagare no you ni

y sólo como un dato más de color, este mismo tema fue cantado por los tres tenores. Si gustas escuchar dicha versión puedes hacer click aquí, aunque claro, desde ya la pronunciación es extraña y en modo ópera aún más.

Comenté sobre Hibari Misora por ser un ícono que caracterizó al Enka y lo popularizó, aunque mi gusto por ella se reduce a un par de canciones más luego de su fantástico "kawa no nagare no you ni".


Kitajima Saburo
Este cantante maduro de Enka tiene una gran fama en el Japón básicamente por presentar una capacidad asombrosa de adquirir tonos graves y controlar su vibrato con maestría aunque a veces pierda musicalidad. Sus canciones no resultan del todo de mi agrado, porque tengo una extrema predilección por el enka en voces femeninas, pero no puedo negar que expresa en sus canciones el sentimiento trágico con fuerza y gran facilidad. Casi siempre se lo ve vestido en hakamas y una de sus canciones más representativas es 'Yama' (montaña). Un detalle adicional es que este artista además es un actor que ha participado en algunas películas y producciones para TV.

Kitajima Saburo: Yama



Hikawa Kiyoshi
Este joven, apodado "El príncipe del Enka" que suele utilizar una indumentaria vistosa, apareció a sus 24 años en el mundo del Enka rompiendo con el estereotipo de que este género musical era creado por gente madura para gente cercana a la tercera edad. Tras su debut con el tema que le caracteriza "Hakone Hachi Ri no Hanjirou" aumentó el interes del público joven por el Enka. La canción narra una historia típica del período Edo protagonizada por Hanjirou. Este tipo de canciones resultan estar acompañadas por una pequeña interpretación teatral, que resultó un elemento de importancia en su debut, dado el componente complejo agregado a su interpretación.

Hikawa Kiyoshi: Hakone Hachi Ri no Hanjirou


Como dato curioso de este cantante resulta interesante saber que su apellido (con nombre) original es Yamada Kiyoshi, y que el 'Hikawa' fue asignado por el famoso cineasta, actor, pintor y etcétera Kitano Takeshi, quien le ayudó en su ingreso al mundo competitivo del Enka.


Enka: las voces nostálgicas
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Trece de Septiembre

14 de septiembre de 2008

Ya faltan pocos días para el otoño, esa estación con tan poco de vida como mi propia existencia. Esa estación donde las oscurecidas hojas, antes vitales, se desmoronan cansinas sobre el suelo, a recibir gustosamente el destino de su final, cuando sobre ellas el mundo camina. Y aún así, en silencio, reciben su mortal destino hasta el punto de transformarse en polvo de hojas secas, en un gesto de máxima humildad, pues ya ni cadáver poseen para exhibir.

Y así, el árbol que lentamente se desnuda, que en jirones caen sus últimas esperanzas de que el cruel invierno no llegue, también se resigna a su final, pero aparenta más dignidad por estar siempre erguido.

Soy como ese árbol. Tan triste y en soledad como aquél que se encontraba en el lejano rincón de la plaza principal. Nadie gustaba de estar bajo su sombra suave. Nadie gustaba estar en un rincón alejado de aquellas personas que con sus infantes visitaban los juegos del parque.

Pero yo sí adoraba ese árbol. Porque desde ese árbol podía verte. Desde esa esquina lejana y esquivando arbustos que te ocultaban, podía contemplarte diariamente en aquel lugar que era tan tuyo: el banco de la plaza donde te sentabas a leer. Quizás un poco más retirado que el resto de los bancos, quizás un poco más cerca de mi soledad que la de ellos. Supongo que por eso te veía. Supongo que por eso te comprendí en nuestro silencio. En tu silencio y en el mío. En esa quimera de silencio cómplice, que no era más que un ensueño, pues eran silencios lejanos, como no podían ser de otra forma.

Sin embargo yo te admiraba. Desde esa lejanía y anonimato me apasioné por ti. Tal vez sólo eras una nueva excusa para no resignarme a mi final, tal vez sólo eras un engaño más de mi pobre mente para buscarle un sentido a mi existencia. Sí, tal vez una excusa más para no sentirme tan abominable de no aceptar mi final.

En ese momento no lo pensé demasiado, y simplemente me dejé llevar por la brisa del verano, por tu inmutable rostro al leer, por el aroma tan tuyo que esa brisa me traía en aquel rincón lejano, bajo la escasa sombra del despreciado árbol.

Pero como todo, también hubo un final para ti.

Desapareciste.

Dejaste tu lugar, el cual fue ocupado por un anciano que pasaba sus tardes alimentando a las palomas.

Tal vez fuiste a estudiar al exterior. Tal vez enfermaste, tal vez te secuestraron, tal vez te mudaste, tal vez te casaste, tal vez encontraste trabajo o cambiaste de trabajo. Tal vez.

Tal vez. Quizás.

La verdad es que no sabía nada de ti.

Ni tu nombre sabía, ni tu personalidad, ni tus gestos ni tus manías.

Sólo te contemplaba mirando en ti todo aquello que quería que tuvieras, y que probablemente no eran características tuya.

Sólo fuiste mi pequeña escapatoria de una vida inerte, de una vida de hoja seca que se niega a caer desde las alturas desnudas del árbol sufriente.

Pero aquí estoy hoy, trece de septiembre, con más valor que nunca a aceptar humildemente mi pequeñez, y sucumbir como tal. Porque soy un ser humano, porque carezco de inmortalidad, porque soy una criatura enclenque, frágil y soberbia, como el resto de los seres humanos. Sólo cuando se alcanza el nivel al que he llegado, se comprende la secreta resignación a la Nada, porque en mi vida sólo he encontrado aquélla.

La única con la cual comparto todo: la Nada.

Su silencio, su ignorancia, su humildad, su desdén.

Escribo estas palabras sólo para ti, joven que leías en el banco de la plaza. Las escribo ingenuamente, sabiendo que no llegarán a ti. Sabiendo que sucumbirán como hojas secas, que regresarán al polvo, que no serán leídas por ser alguno. Sin embargo, por alguna razón, las escribo.

Aún y a pesar de todo, la Nada no consume mi ingenuidad, no consume mi ilusión. Aún. Y supongo que por eso te escribo.

En esta casa abandonada, donde habité con la Nada durante años, me he pasado noches enteras pensando en ti, en mi vida, en mi final.

Luego de largas reflexiones, sólo encontraba una y otra vez la misma respuesta: no eras tú, sino yo, quién carente de sentido vital, vivía de ilusiones que las adosaba a tu persona. Pero también era probable que tú sintieras el mismo desazón. La vida no tiene sentido, no tiene rumbo, y es sólo un azar probabilístico, que no le importar absolutamente nada.

Supongo que por eso te escribo. Para decirte lo que me hubiese gustado que me dijeras, si alguna vez hubiéramos hablado.

Ni el sonido de tu voz conozco.

Pero ya libre de las palabras, de los pensamientos, de aquello con lo que me aferraba infantilmente a este sin-sentido existencial, dejo escritas mis ideas, que ya nadie leerá, que ya nadie siquiera sospechará, y parto con humildad a mi destino, a mi comunión con la Nada.

Lo único que me entristece realmente es que esta carta nunca llegará a tus manos, y aún así me enterco en escribirla.

Lamento mi debilidad humana.

Siempre es una carencia.



VACÍRESENTORTALIDAD (Vacío, Presente e Inmortalidad)

27 de febrero de 2008

“A veces pienso que el peor de los vacíos no es el de la muerte, sino el de la vida. Es como un rompecabezas al que le queda un hueco. Y uno intenta meter piezas ahi, pero nada parece encajar bien. Es solo un hueco... Como si la nada no fuera falta de algo, sino algo muy poderoso en si mismo.” [Geli]

Y sí. El vacío no es la muerte, sino la vida, porque el vacío sólo es apreciable con la vida, y no con la muerte. La muerte tiene nada de conciencia, y todo de vacuidad. La muerte no permite apreciar, ni sentir, ni sufrir. Ciertamente no se ríe ni se llora. No se quiere ni se odia. No es más que la nada. La muerte es el pasaje a la nada, y de ahí radica el sentimiento triste del existir. Porque mientras se es un ser con vida, se experimenta sensaciones, desde la conciencia, hasta el odio y el cariño. Se piensa, se investiga, se disfruta, se sufre, se llora.

La vida, sin saber exactamente qué es, como así tampoco se puede definir la felicidad, es un promedio pesado, como diría mi profesora de laboratorio. Cada término de nuestro polinomio representa en sí mismo una característica de nuestra vida, y su coeficiente principal la importancia que le damos en ella. Probablemente no existan términos de cierto grado, porque están en nuestro conjunto de coeficientes de valor cero. Y tal vez, esa sensación de vacío que dan estos coeficientes nulos, sean esas piezas del rompecabezas que por mas que intentemos agregar a nuestro polinomio con aproximaciones bizarras, nunca se llegará a la cifra exacta que se quiere estimar. Nunca una aproximación será el valor exacto en sí. Y desde ese sentimiento matemático, se puede entender que en el fondo, aún sin conocer a Taylor, cualquier persona comprende que las aproximaciones no son la cifra en sí misma. Los sustitutos no son el elemento original en sí. Las mujeres no son ‘esa’ mujer. Los hombres no son ‘ese’ hombre. Los deseos no son ‘ese’ deseo.

Y ahí radica el origen de la sensación de vacío, nacida en parte por la insatisfacción innata que todos tenemos, y que el sistema fomenta banal y salvajemente.

Pero ciertamente, la Nada es el Todo. Y sin entrar en filosofía barata, la frase tiene gran verdad, porque el mundo– incluyéndonos a nosotros, los humanos, los seres más pequeños del universo que tienen el ego más grande del cosmos - se encaminan hacia la nada. La Nada es el gran poderoso de los poderosos. Ningún héroe podría contra ella.

Muchas veces he deseado escribir en este espacio cosas positivas, ahuyentar esa verdad tanto para la gente que lee esto como para mí, pero me es imposible. Ciertamente no se puede dar una solución general a un problema que en cada ser humano resulta de diferente magnitud. La actitud más razonable se encuentra una vez más en el budismo: ‘amigarse con la nada’, reconocerla y armonizar con ella.

Pero es obvio que la actitud más sana para mi criterio puede ser la más enferma para otro, y por ello no puedo decir mucho al respecto.

La forma que tengo de buscar la armonía con esa verdad, es simplemente oponiéndome a ella, como casi todo lo que hago en mi vida. La idea no es seguir la corriente, sino andar contra ella, criticarla, y buscar algún puente transversal para salir de ella y estar por sobre la misma... aunque sea un puente derruido, pero al menos ya fuera de la corriente, uno considera que será capaz de contemplar la verdad en una forma más desnuda. Pero es sólo ilusión. Siempre la verdad es afectada por el observador, y el observador por la verdad.

Sin embargo, y para no terminar una entrada más con ese sentimiento de vacío, se puede decir otra gran verdad dicha por Borges. Es una verdad que cuando la leí por vez primera no me supo tan veraz como ahora, que me la he estado repitiendo mentalmente por más de cuatro años, y es que en el fondo, somos concientes de nuestra finitud, pero no de nuestra inmortalidad. Una inmortalidad que se plasma en el presente, en ese segundo que se escapa, en este momento en que se está leyendo estas palabras. En ese momento se es inmortal, porque uno siempre vive el presente, y probablemente por ello sea tan difícil discernir qué es el presente. Pero ciertamente es lo más cercano a una inmortalidad como la que puede desear un pobre ser enclenque que busca perpetuar su conciencia de forma eterna y escribe estas palabras en la oscuridad de su cuarto.

Somos inmortales en este presente que nunca se acaba. Somos inmortales en algo que no tiene ni principio ni fin determinado. Somos eternos, de alguna forma irónica, pero lo somos. Tal vez no es la inmortalidad deseada, no es lo que se quisiera. Tal vez una inmortalidad en la juventud sería más atrayente, pero no. Esta inmortalidad es tan imperfecta como los humanos, porque una vez más, tales conceptos no son más que creaciones humanas.

Lo importante es que siendo conscientes de la inmortalidad, se camine dentro de la misma hacia la dirección de mínimo vacío. Llenarnos lentamente es un proceso doloroso y largo... mientras seamos inmortales, podemos seguir haciéndolo.

El día que la inmortalidad cese, dudo que se lo pueda advertir. El quiebre entre esa inmortalidad y la Nada, será inapreciable, porque después de todo, se ingresará a la nada, donde no hay conciencia con que apreciar las cosas.

A pesar del dolor de la existencia, el final siempre resulta muy indiferente.

La Nada es el Todo.

Ciertamente.

Perdona geli que use tus palabras como pie para el post, pero el leer tu comentario me disparó todas las ideas... era justo ponerlo.

NOTA: La imagen se llama "Oscuridad" y pertenece a JorGELIna. ¡Gracias Geli!

Sabagada del Mádrudo

24 de febrero de 2008

Y en esta madrugada del sábado, sin nadie en el messenger con quien distraerse un rato, sin nada más que un video de la lejanía que le genera añoranza, del cual ingenuamente toma capturas para conservar como fotos borrosas, siente en medio de las horas, la tristeza que gotea suavemente en su interior.

Las gotas saladas cayeron sobre papeles mientras la inmensidad le carcomía los pensamientos por unos minutos y la indignación de la naturaleza una vez más le azotó.

Suspiró. ¿Qué más, un humano, podría hacer sino simplemente resignarse a lo irremediable de este existir? El camino errante del humano da sus pasos hacia su propio foso, y solo reza para que ese tiempo no le toque vivir. Porque vivir el caos será demasiado dolor. El dolor de las generaciones futuras que ningún antepasado sospechó siquiera. Y los del presente, que ya saben sin lugar a dudas las consecuencias, simplemente miran a un costado, en busca de sangre negra con la que alimentar sus motores de vanidad, sus maquinarias de especulación, sus tractores que aplastan humanos.

Y en esta madrugada de sábado, entre las noticias de dolor, entre los llantos de los vivos, entre la pesadumbre de los muertos, los recuerdos y las nostalgias le agolpan.

Sólo el sonido del ventilador a un costado interrumpe el suave teclear constante.

En las afueras de su casa, su pequeña mascota derrama sus últimas gotas de vida... mientras que esas gotas le recuerdan gotas rojas de hace un mes, que el secreto, el silencio y el misterio rodearon con recelo. Suspiró una vez más, intentando calmar ese peso que angustia su pecho al pensar sólo en ese tema.

La muerte. Desdicha fuerte. ¿Quién ha de gobernar sabiendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?. Todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende.

¿qué es la vida?, un frenesí, ¿qué es la vida? Una ilusión. Una sombra, una ficción. El mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Y en esta madrugada de sábado, busca una vez más intentar la paz con el universo, comprender ese eslabón perverso de la existencia, amigarse con el sentimiento de la nada, pero aún parece ser muy pronto para tal sabiduría.

Simplemente sabe rumiar su angustia, mientras recuerda cosas que nos regresarán más a sus manos, y que a través de una proyección, producto de ese dolor, le erizan la piel con pensamientos oscuros de su propio presente y futuro.

Y en esta madrugada de sábado, con la soledad abrazando su espalda, con su mente atacando su rebelde actitud ante la resignación, piensa una vez más en su maestro desvanecido.

Un camino de estrellas se forma en la noche, con sendero al infinito, donde ya dos seres se unen en la dirección, andándolo con paso lento.

Y yo, en esta madrugada de sábado, sólo puedo contemplar con borrosa visión aquel sendero de luces lejanas...

Verónica...

18 de diciembre de 2007

Abuela. Abué, como siempre te he dicho...

Eres una nostalgia de cuatro años que no cesará nunca.

Eres una melancolía que no es posible disminuir.





La presencia se desvanece en cenizas que posee una hija cuya conciencia le culpa de lo que nunca hizo mientras vivías. Esa hija toma en aquella urna que adorna su salón, el símbolo de su libertad ante los otros, pero no de su conciencia. Aquella familia ausente, ahora te tienen en su salón, adornándoles la mesa central, llorándote, diciéndote cosas que ya no puedes oír, hablando con una simple urna que no tiene nada más que un simple símbolo marchito.

Abué, viviste una dura vida en tu infancia. Perdiste a tu madre a los cuatro años, y trabajaste sometida a la tiranía de tu madrastra por muchos años más. Lo único que te liberaba de aquella tortura era aquel primo con el cual contrajiste tu primera y única nupcias, sellando aquella promesa con sueños de éxitos que el tiempo embebido en alcohol, corroyó hasta su total destrucción.

Abué, luego de aquellas épocas, la adultez de tus hijas te dio tiempos buenos. La paz, la tranquilidad, y la sabiduría de tu ser llenaron tu vida. La fe profunda te otorgó siempre la paz que cualquier ente pensante desearía, aquella fe infantil de la que siempre hablaste, de la que lamentablemente, nunca pude creer.

Abué, aún recuerdo las tardes en tu casa, tomando ese único mate que no he compartido con nadie más, hablando de lo leído, comentando lo visto en TV, tomándome la ‘lección’, planificando cosas...

Abué, no le perdono a este país el haberte quitado tantos años que aún podías disfrutar...

No le perdono a un país el abandono con la justificación de no querer gastar.

Abué, tu corazón falló porque se indignó de que este sistema, el viciado, asqueroso, corrupto, ambicioso y caduco sistema pensase más en lo económico que en una vida.

No se puede defender un sistema que apoya la deshumanización.

No le perdono a este inmundo mundo su cada vez mayor falta de compasión.

Y no le perdono a ese médico endemoniado sus palabras de sierpe y su despreocupación.

Abué, te extraño sin que eso tenga alguna vez solución.

En este imperdonable país nevó este año. Nunca habías visto la nieve. Seguro te habría encantado. Si la fe que has tenido te ha sido compensada, si en algún lugar del ‘cielo’ puedes acceder a un ciber-nube-café, te muestro lo bello de aquel hecho.



Abué... Te extraño, y sólo tengo mi memoria que se deshace con el tiempo...

No saber sabiendo lo que no debería saber...

24 de noviembre de 2007

Como se puede advertir, no sirvo para escribir aquí, de mí, como si fuera un diario, o algo por el estilo. El blog es ciertamente un elemento de desahogo, pero encubierto. Cada entrada está relacionada con mi universo interno, oscuro, molesto. Pero no puedo externalizar tan abiertamente las cosas. Simplemente no soy así. Explico mi vida y mis sensaciones a través de otras cosas, de claves, de palabras sugeridas, de frases que parecen dichas al azar. Ergo, es lógico que nadie me entienda. Es lógico que la gente no sospeche lo que sucede conmigo y mi mente maldita, pero también es cierto que no puedo culpar a nadie de ello, pues nadie puede ser un dios para meterse en mi mente, y desglosar lo que demonios me pasa...

Es lógico que la gente piense que todo está bien conmigo, es lógico que la gente no crea el vacío que existe en mis días, es lógico que se sorprendan cuando amenaza salir un leve rasgo de la oscuridad interna que muchas veces me atosiga.

Y continuando con esa personalidad que nunca se despegará de mi, que nunca mejoraré, que sólo podrán advertir aquellos que realmente vean los detalles de mis actos, los que puedan ver el gesto importante del simple movimiento, la palabra escondida del discurso alegre, la tristeza escondida en la sonrisa diaria, continuando con esta empecinada actitud y terquedad innata, continuaré haciendo entradas ambivalentes, que parecen no decir mucho, y sin embargo, dicen.

Para finalizar copiaré unas pocas poesías que tengo. Si hay genero literario que más me molesta, es la poesía, por eso estas que aquí se presentan son las que a mis ojos, resultan ser más esenciales en concepto que en poesía.

La estructura se derrumba por sobre el contenido oculto – y no tan oculto-....

Lo fatal - Ruben Darío

A rené perez

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
Y más la piedra dura, por que ésa ya no siente,
Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
Ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
Y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
Y sufrir por la vida y por la sombra y por

Lo que no conocemos y apenas sospechamos,
Y la carne que tienta con sus frescos racimos,
Y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
Y no saber a dónde vamos,
!Ni de dónde venimos
!....

Y para Geli, para que no se sienta mal por poner cosas ‘cursis’en su blog (Mariposas metamorfoseadas), te acompaño en el sentimiento de decir ‘¡qué entrada cursi!’ y pongo esta bonita poesía en tu honor, así no te sientes tan cursi! (risita)

Gigante de ojos azules - Nazim Híkmet

Un gigante de ojos azules
Amaba a una mujer pequeña
Que su sueño era una casita
Pequeña, como para ella,
Que tuviera al frente un jardín,
con temblorosas madreselvas.

El gigante amaba en gigante.
Su mano, a grandes obras hechas,
Mal podía construir los muros
Ni usar el timbre de la puerta
De una casita con jardín
de temblorosas madreselvas.

El gigante de ojos azules
Amaba a esa mujer pequeña
Muy pronto se cansó, mimosa,
De tan desmesurada empresa
Que no concluía en un jardín
con temblorosas madreselvas.

Adiós, ojos azules, dijo.
Y, con graciosa voltereta,
Del brazo de un enano rico
Penetró en la casa pequeña,
Que tenía al frente un jardín
con temblorosas madreselvas.

El gigante comprende ahora
Que amores de tanta grandeza
No caben ni siquiera muertos
En esas casas de muñecas
Que al frente tienen un jardín
con temblorosas madreselvas.

Cuando se siente la soledad y el desengaño...

20 de octubre de 2007

Hoy fui a mi entrenamiento semanal. Como de costumbre, llegué temprano y me quedé en la puerta del club, esperando a que el dueño llegase y lo abriese.

Llevé un par de libros de estudio, para aprovechar ese tiempo, sin reloj que me avisara cambios de minutos.

El sol lentamente se ponía en el oeste, y ya mis ojos cansados, decidieron dar fin a la lectura. Aún nadie aparecía.

Las primeras estrellas se asomaban, cuando las luces de la calle se encendieron tenuemente. Y yo aún estaba contra la puerta del club, esperando.

Durante la tarde me había llamado un compañero que hacía tiempo no lo veía, y me había dicho que nos encontraríamos en el club.

Simplemente se habría olvidado...

Ya observando el fin de la tarde sin que apareciera ningún conocido, me acostumbré a la idea de un día de entrenamiento de forma solitaria, pero el dueño del club no venía.

Simplemente se habría olvidado...

Y pensando dentro del silencio que aquella calle abandonada otorgaba, contemplaba de vez en cuando fragmentos de vida de los transeúntes. Todos miraban con, quizás, un poco de desconfianza hacia mí. Y yo hacia ellos.

Las luces de la casa de enfrente se encendieron, y contemplé una niña que sentada en la mesa del salón, jugaba con su abuelo.

Y me sentí triste. Recordé a mi querida abuela...

Una abuela que la muerte hizo que se olvidara de su nieta, aún contra su voluntad...

La muerte es el olvido de los vivos...

Y pensando entre los vivos, contemplé a familias que pasaban caminando, hablando distendidos bajo las luces de la calle. También caminaban parejas jóvenes, y amigos que platicaban sobre alguna novedad de sus vidas.

Y de repente, sentí que algo se sentó a mi lado.

Y allí estaba ella.

Siempre vestida de invisible para acentuar su esencia, siempre callada, para enloquecernos con nuestro propio bullicio interior: la soledad.

La contemplé por un segundo, y fijé de inmediato mi vista al suelo.

La sentí por todo mi cuerpo.

Sentí la carencia.

Me percaté de la familia disfuncional, de la promesa en lejanas tierras, de la fragilidad humana, del incontenible sentimiento del ser, de la injusticia de las cosas, de la simple resignación al presente.

Suspiré, sin desagotar nada de aquello.

Miré el cielo, ya oscuro, y contemplé las estrellas titilantes...

La soledad siempre está a nuestro lado, sólo que a veces no nos percatamos hasta que ella se nos hace ineludiblemente presente.

Sentido

1 de octubre de 2007

Caminando sin sentido, en una ruta marcada en el césped gastado. Caminando con pasos lentos y usados, uno tras otro, en busca de alguna senda que pueda permitir la satisfacción. Sin embargo, allí, donde el césped ha dejado de crecer, sólo se plasman una sobre otra, las huellas de miles de anónimos seres que pasaron, y cuyos huesos, se descomponen más adelante en el camino.

Caminar por lo caminado, tiene tan poco sentido, como el mismo sentido de caminar en sí mismo. Nada tiene una gran utilidad, cuando los esqueletos son lo único que resta, al final de la senda.

Cabizbajos, dando pasos eternos, se puede continuar por aquel gastado camino, pero también se puede caminar sobre el césped nuevo, nunca antes pisado, y desviarse de la senda cuya conclusión es ya sabida.

Mejor caminar por el césped y ver que con el tiempo, se transforma en arena, y ese frescor que daba el verde, poco a poco, comienza a tornarse en un amarillento abrasador bajo el sol duro del desierto.

Caminar sin sentido, pero al menos, caminar por donde no se ha caminado.

Y ya llegando al límite de las fuerzas, se puede caer de rodillas, sobre la ardiente arena, se puede tener la satisfacción de ser el único que ha caminado por tan difícil senda. Se puede desplomarse sobre el suelo, y sólo cuando las pupilas ya se dilatan en un último suspiro, y su satisfacción personal alcanza su apogeo, se puede descubrir, que a pocos pasos, yace un par de huesos...

Todo sin sentido.

El dolor de la mente – El dolor del espíritu

28 de julio de 2007

Humanos.

Entes angelicales devenidos a demonios.

Entes demoníacos devenidos a ángeles.

Humanos: entes quiméricos.

Tan irreales como los unicornios, tan concretos como la muerte.

Complejamente sencillos. Sencillamente complejos.

Llenos de contrariedades que pueden rayar la mentira, el doble discurso, la falsa moral, la simple estupidez.

¿Cuál es la razón de la existencia?, ¿Cuál es la razón del dolor?, ¿Cuál es el sentido del simple transitar?

Si todo camina hacia un final triste, lento y oscuro...




Sin castigos, sin recompensas, sin nada más que la mera nada tras de todo. No hay indemnización para los azotados por la vida, no hay castigo para los azotadores de alma. Simple nada. Una nada que borra absolutamente todo.

Sin conciencia, sin existencia...

Tan profunda es la pena... que llena de apatía el alma.

¿y si todo sale mal? ¿y si todo sale bien? el dolor a posteriori será recompensa, pero también, puede ser condena...

Y en medio de una noche fría, se puede mirar el cielo cuyos destellos se apagan tan lentamente...

Mirar al cielo, y sólo desear...

Pero no hay quien escuche... sólo la Nada...

La Nada: El Todo del humano...

Tal vez, lo mejor para el humano, hubiera sido nunca haber dejado de ser Nada...

Historias excepcionalmente probables...

16 de mayo de 2007

La existencia humana presenta tantas curiosidades. Resulta que no tiene ecuación, que no es exacta, que no tiene más que probabilidades.

El universo parece concebido bajo la probabilidad. Los astros, aparentemente – si alguien lo cree – dicen de nuestro porvenir con un cierto grado de probabilidad.

El humano actúa bajo la probabilidad...

Una niña de la calle, probablemente no conozca del cariño. Un maduro vagabundo, probablemente, desconfíe de su sombra, y no entienda en la palabra confianza, mas que un engaño perpetuado por algún ajeno, que en su momento, aprovechó de su ingenua juventud. Una prostituta, difícilmente crea en los hombres, y en su sensibilidad, a la cual sólo ve como un simple instinto animal.

Sin embargo, todos los casos de probabilidad, parecen que decantan en excepciones.

Las historias, las creencias, las ideas más firmes, terminan temblando ante excepciones, cuando la probabilidad más baja se hace evidente.

Y es allí cuando una prostituta, acepta la mano de un hombre que se ha posado en su mejilla, sin más deseo que darle un gesto de apoyo.

Es allí, cuando un vagabundo se encuentra con una joven, que le devuelve las monedas que se habían caído de su harapiento sobretodo.

Es allí, donde una niña, puede entender la calidez, cuando un perro callejero refriegue su frío hocico en el pantalón de la pequeña, sellando un silencioso pacto.

Las excepciones, pueden realmente hacer revoluciones, cuando lo inesperado, se hace presente. Pueden reafirmar convicciones, pueden mover todo el mundo interno que hemos construido, y que habíamos considerado perfecto.... o mejor dicho, aquel mundo al que nos habíamos resignado como propio.

El verdadero potencial de la excepción, radica en el esfuerzo que se genera, para hacerla posible, para romper cadenas sociales, para hacer una revolución, que se externalice finalmente.

Si dos excepciones se encuentran, justo en la más baja probabilidad... entonces, pueden crear más excepciones. ¿Qué hay de malo en todo aquello?. Nada. Simplemente hay que tener el valor, la paciencia, y el tiempo para crear las excepciones, para liberar temores productos de nuestro universo barroco, comprender la maravilla de que ha acontecido lo más improbable, y por ende, actuar en consecuencia, meditando con tiempo y ojos críticos.

¿Quién diría que universos solitarios, con necesidad de ser compartidos, se encontrarían, habiendo tanta población en el mundo? ¿ Quién diría que dos personas separadas por trópicos verían a tanta distancia, las formas internas del otro, habiendo en cada país, tanta fauna a contemplar?

La probabilidad más baja se ha dado.

Aquella que es verdaderamente difícil de encontrar, se ha producido.

¿ Acaso de debe desperdiciar tan única excepcionalidad universal?

No. Para evitarlo, existen las excepciones....

Las maravillas no se producen dos veces...

Maravillas imperfectas, que resultan perfectas. Eso, es verdaderamente una manifestación de aquel valor menos probable.

Soledades Compartidas

30 de abril de 2007

La ciudad. Un aglomerado de gente que corre por llegar a tiempo, que mira sin observar, que se atropella en su búsqueda inocua de un objetivo banal, personas que empujan sin disculparse, que están demasiado apurados como para expresar sus disculpas, o simplemente sonreír en un gesto de vergüenza propia, ante la reflexión de su comportamiento acelerado.

No. Sólo gente corriendo a la tumba, sin saborear un poco de algo: lo que sea. Corren para llegar a sus responsabilidades, corren de las responsabilidades para apurarse en descansar, y luego, el descanso lo aceleran, para continuar con aquella responsabilidad suspendida, y finalmente, tras la jornada, regresar – más veloces que nunca- a su casa, en la cual, comerán y dormirán rápidamente, para poder ‘descansar’.

Una constante rutina veloz, que no permite la presencia del tiempo siquiera.

Qué vida agotadora. Tan diferente de los pueblos.

Allí, en los pueblos, el tiempo se dilata. Excepcionalmente, por esa extraña capacidad del humano de percibir las cosas sin que se puedan describir por ecuaciones diferenciales, la persona de pueblo, camina con tranquilidad, degusta demasiado la vida, saludando a su gente, a la que conoce de hace años y milenios se podría decir, si es que el humano tuviera inteligencia acumulativa de generaciones anteriores.

El ingreso o egreso de su ruta o paseo, es queda, y disfruta de cada uno de los humanos con los que choca diariamente. Pero sin embargo, esos humanos son siempre los mismos. Está atrapado prácticamente en un círculo reiterativo y fotocopiado, que transcurre con una velocidad asombrosamente pausada. Incluso miles de veces, se le puede contemplar con los ojos en el cielo, en una expresión de aburrimiento absoluto.

Y es que tanto el hombre de cuidad como el de campo, no saben de su propia insatisfacción aunque la sienten latente, allí, debajo del pecho, latiendo cual corazón.

Uno, muy apurado para ver a los otros, no los percibe; el otro, con demasiado tiempo a la reflexión, sólo se resigna a la rutina diaria de las mismas caras, los mismos gestos, y las mismas eternas contestaciones.

Y es allí cuando el espíritu aventurero nace de entre las penumbras de su ser. Emerge como una Orca que destroza a la foca, su presa, que nada desprevenida en la superficie marina.

Y una vez más la frustración, el miedo, el deseo, y el temor.

De todos esos sentimientos, si la resignación no los opaca, terminan por determinar la acción: mudarse en busca del nuevo sentido al vivir.

Luego, como vagabundos decididos, declinan toda su realidad, aquella que les hacía vivir corriendo o dando pasos lentos, e intercambian sus roles.

En sus respectivas Terminales, toman el autobús que les llevará a su nuevo destino. Quizás durante el viaje, ambos se contemplen en la ruta, cuando casualmente, el bus que los conduce, se cruce por solo un instante con el otro, sellando todas las posibilidades de conocerse mutuamente.

Simplemente un contemplar igual de expectante, que no duraría más de un segundo, y luego, fugaz, se pierde en el tiempo... búsqueda de aquello que no encuentran....

El hombre de cuidad, caería en aquel pueblo que recuperaba el habitante perdido, y respiraría con gusto el aire sosegado del lugar. Cual paraíso, la amabilidad, la simpleza, y el lento paso del tiempo le maravillarán. Se sentirá en su hogar, en un hogar que nunca fue propio, pero que parecía serlo, al menos, las primeras tres semanas.

Análogamente, el hombre caído en la ciudad, se sentirá empequeñecido por la majestuosidad de aquellos gigantes de concreto que se erigen en las ciudades, por las luces que opacan la belleza de las estrellas – en realidad, de las pocas que se pueden contemplar en la ciudad contaminada – y el ruido de vida aturdirá sus sentidos, pero todo le parecerá simplemente fascinante. Sólo por tres semanas.

Luego del período de adaptación, comenzarán a notar las carencias.

El campo le ofrecía al pueblerino, una paz que no lograba encontrar. Ya no era la rutina lo que le molestaba. Simplemente no había forma de crear una rutina, que no fuera, la de correr a la velocidad del tiempo – tan infructuosa carrera -. La irritación exasperaría su semblante calmo, y pronto, acoplado a la masa, comenzaría a ser uno más de aquel montón acelerado, empujando gente desconocida, preocupado por el tiempo que se escurriría de sus manos, deseando descansar lo antes posible, con lo que alimentaba el vicioso círculo de rapidez.

Y sólo cuando llegara a su casa, sentado en la cama, contemplaría el cielo lleno de smog, que empañaba a las estrellas, y comenzaría a notar la angustia de su existencia. Allí mismo nacería de vuelta, esa frustración de la que se había creído liberar apenas pisó la ciudad.

Pero no sería el único.

En el campo, su análogo, estaría horas sentado en una banca de plaza, contemplando el inerte pueblo, sin almas para su percepción – acostumbrado a los aglutinamientos – y la rutina de conocer a cada una de las personas que allí vivían, pronto terminaría con su curiosidad. El pueblo se le mostraría en extremo aburrido. El silencio induciría el zumbido de sus oídos, y toda su energía acumulada, gritaría por libertad. Aquel movimiento lento de transcurso de tiempo, en el fondo, sería una cadena para su espíritu.

Y al igual que aquel hombre que ocupaba su lugar en la ciudad, volvería a sentir su frustración: Esa necesidad de pertenencia, que todo humano en algún momento desea poseer, aunque sea, por un breve instante.

Pero allí, el hombre en la banca de la plaza, el hombre sentado en su cama, mirando el cielo oscurecido, solo podría sentir el latido calmo que lentamente se intensificaría.

Una vida que transcurría con diferentes velocidades, pero que a final de cuentas, ejecutaba la misma acción: camino hacia la tumba.

Suspiraron en simultáneo, a pesar de que nunca lo sabrían, y en ese mismo momento, la decisión de la resignación les venció por completo.

Mejor el infierno conocido a uno nuevo que conocer.

Ahora, el cansancio que la experiencia les había generado, había enturbiado sus miradas, y sus rostros ya no eran el de un niño expectante. Habían cambiado a un gesto cansado y resignado, entristecido de aquella verdad que tan duro les había golpeado.

Y es que la verdad, parecía, no tenía más que dos realidades: la positiva, la negativa. El Sí o el No. No más posibilidades.

De regreso a sus ecosistemas naturales, los buses de aquellos dos hombres se volvieron a encontrar en la ruta. Se miraron por segunda vez a través de las ventanillas, sorprendidos de la coincidencia. Sólo un segundo. Sólo una segunda vez en sus vidas.

Y ya un autobús se alejaba del otro sin posibilidad de detención.

La mecha del misterio se encendió en sus almas.

Al regresar a su pueblo, el hombre contempló al mismo con cierto gusto de añoranza y amargura.

Caminó con tranquilidad hacia la plaza central, y allí, se dejó caer sobre una banca. Miró a su costado, y un joven concentrado en un libro, apenas percibía su presencia.

Un joven nuevo en el pueblo, uno que no había reconocido. ¿Acaso el pueblo tardaría mucho en convertirse en ese infierno de desconocidos que era la ciudad?.

El muchacho, parpadeando varias veces, levantó su rostro hacia el hombre, y le miró por un segundo. Un simple segundo, y sonrió.

Observó el libro que tenia en sus manos el joven, del cual sólo distinguió una tapa con un dibujo eclesiástico, una rosa, y la palabra ‘Nombre’ escrita, cuyo título completo era tapado por los dedos del joven.

Volvió a posar sus ojos en los del muchacho, y le miró con curiosidad.

Una joven esperando el autobús, cargando su mochila, inyectándose música por los oídos, se encontraba abstraída, mirando el suelo.

Esa fue la primera imagen que contempló el hombre cuando llegó a su ciudad natal. El ruido, el humo, los insultos, las bocinas furiosas de conductores impacientes, los empujones de personas que continuaban con su carrera, le supo muy natural, y casi no lo percibió, más allá de aquella imagen de una joven que dejaba pasar autobús tras autobús, demasiado abstraída en sus pensamientos, aplacando el estrepitoso ruido de la gran ciudad con aquellos pequeños audífonos.

Caminó con lentitud hasta simular esperar un autobús, en el mismo lugar donde la joven aguardaba, apoyada sobre el poste que indicaba con un minúsculo número la parada de tal línea de transporte.

La mirada de la chica, se perdía más allá de la tierra, más allá del suelo. Estaba observando, estaba contemplando, y estaba viviendo un universo que él desconocía. Curioso, frunció su ceño, logrando distraer a la joven de su mundo. La chica parpadeó varias veces, y levantó su rostro hacia el desconocido, contemplándolo con neutral gesto, el cual había adoptado de inmediato, pero que no tenía similitud alguna con el rostro amable que había estado ostentado hasta ese momento.

Se sacó un audífono y levantó una ceja, en actitud de quien espera una pregunta.

El hombre se sorprendió. ¿Acaso comenzó a ver observando en medio de la ciudad?.

- ¿Ocurre algo, señor?

- No. sólo creí que te conocía de algún lado...

- ¿Mn?

- Vengo de un pueblo al norte... creí haberte visto con un muchacho en la plaza central del lugar.

- Oh. Es cierto. Usted era el que se sentaba en la banca y contemplaba todo demasiado perdido. ¿vive en la ciudad?

El hombre parpadeó varias veces.

Y lo recordó.

Recordó que siempre contemplaba a ese chico que al igual que él, se perdía en su propio universo, sentado en una banca de aquella inmensa plaza.

Pero de un día para otro, una joven similar, se había acoplado a la compañía del joven, tan sumidos en sus universos, en sus charlas de voz baja, en sus silencios, que había experimentado no sólo una profunda curiosidad sino una suave envidia de aquel milagro. Había creído que eran los únicos del pueblo que parecía no importarles el lugar aburrido en el que se encontraban. Parecían dos personas en el ‘mismo universo’.

Parecían estar acompañándose en sus soledades.

Suspiró.

- ¿Se encuentra bien, señor?

- Sí. Lo estoy... soy de ciudad... sólo que...

Se cortó a sí mismo.

Contempló a la joven una vez más. Cabello raramente cortado, ropas desalineadas y una mochila de apariencia pesada. No tenía nada de especial, no tenía nada que la distinguiera del resto. Pero algo la alejaba de su soledad, de aquella soledad, de aquella frustración...

Y lo comprendió. Sonrió cual vencido da por terminado la pelea.

- no te afecta vivir en ciudad o campo... – afirmó cansino

- Yo no cambio mi mundo cuando cambio de lugar.

- Lo supuse.

Sin saludar, dio media vuelta y se fue a su casa, agotado de tan largo viaje.

La chica, volviendo a su rostro de indiferencia – que en el transcurso de esa breve charla había adquirido un suave gesto de sorpresa - colocó el audífono en su oído, y miró el reloj. Tomó el siguiente autobús.

¿Se necesitaba cambiar de lugar para encontrar el propio lugar? ¿Se necesitaba un viaje para degustar la frustración de la propia soledad? ¿Se necesitaba observar a un par de jóvenes para comprender que las personas viven en universos personales, que sólo unos privilegiados pueden compartir mutuamente?

El hombre en la plaza, aún contemplaba la sonrisa suave de aquel muchacho.

- Joven, tú que lees, debes ser muy conocedor de las cosas...

- No, no lo soy...

- Lo pareces...

- Las apariencias nunca muestran lo que son. Pocos ven mas allá de la carne.

- ¿Pocos? ¿Entonces existen?

- Existen para cada uno de nosotros. Son pocos los que comparten nuestro propio universo personal...

- Gente como uno, ¿verdad?

- Algo así.

El muchacho sonrió de vuelta, y se concentró en su universo una vez más.

El hombre suspiró sonoramente.

Había comprendido.

Soledades compartidas. Ni mil viajes por el mundo entero reemplazarían la tranquilidad que otorga la presencia de un ser con el que pudiera compartir su mundo personal.

¿Con quién podría compartir su soledad, su mismo universo?

Y entonces recordó aquella mirada igual que la suya, que duró por un segundo, en la ruta, tan anónima como cualquier ciudad, como cualquier pueblo...

Maboroshi 2007-04-30